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11 Marzo, 2026
En los cuentos, el bosque es mucho más que un paisaje. Es el lugar donde los personajes aprenden, se equivocan, sienten miedo y descubren de lo que son capaces. Fuera de la ficción, los bosques también forman parte de nuestra vida. Celebrar el Día Internacional de los Bosques es una forma de recordar que estos espacios naturales no solo inspiran historias, sino que sostienen la nuestra.
Cada 21 de marzo se celebra el Día Internacional de los Bosques, una fecha que nos recuerda la importancia vital de estos ecosistemas para la vida en el planeta. Más allá de su belleza, los bosques nos brindan recursos esenciales, protegen la biodiversidad y contribuyen al equilibrio climático. Esta jornada es una invitación a reflexionar sobre su valor y a reconocer el papel que desempeñan en nuestra historia, nuestra cultura y nuestro día a día.
Desde hace mucho tiempo, el bosque aparece en los cuentos como un lugar donde suceden cosas importantes. En Caperucita Roja, el bosque es el camino que la niña recorre para visitar a su abuela, y allí aprende que debe ser prudente y no confiar en desconocidos. En Bambi, el bosque es un símbolo de madurez y de crecimiento personal: allí Bambi aprende a ser fuerte, a cuidar de los suyos y finalmente a convertirse en el nuevo protector del bosque. En Blancanieves, el bosque primero da miedo pero, tras huir de la reina, se convierte en un refugio y un lugar seguro. Junto a los siete enanitos, los animales ayudan y consuelan a la princesa, poniendo en valor la importancia de la fauna. En muchas historias este entorno representa los retos que hay que superar para crecer.
Más allá de los cuentos, los bosques pueden parecer algo lejano si no hay uno cerca del colegio, pero en realidad forman parte de la vida cotidiana. El papel de los cuadernos, la madera de algunos muebles, muchas frutas e incluso algunos medicamentos tienen relación directa o indirecta con los recursos forestales. Merecen, por tanto, tener su propio día.
Se trata de una fecha para valorar el tesoro que suponen estos espacios naturales. Cuando pensamos en un bosque, la primera imagen que suele venir a la mente es la de un lugar lleno de árboles. Y es cierto: los árboles son los grandes protagonistas. Pero un bosque es mucho más que eso. Es un espacio donde conviven aves, reptiles, mamíferos, arbustos, hongos, bacterias y una cantidad asombrosa de insectos. Tan abundante es la vida en los bosques que los científicos piensan que allí existen especies de plantas y animales que aún no han sido descubiertas.
Todos son valiosos. No solo las grandes selvas o los bosques tropicales, también los pinares donde vamos a buscar setas, los hayedos que en otoño se tiñen de colores o las encinas que salpican el campo. Son uno de esos tesoros que no valoramos lo suficiente hasta que empiezan a faltar.
El día escogido no es una fecha casual. Coincide con el inicio de la primavera en el hemisferio norte. La primavera no empieza solo porque lo diga el calendario; también se puede reconocer observando lo que ocurre a nuestro alrededor. Los días se hacen más largos y empezamos a disfrutar de más horas de luz. Los árboles y las plantas empiezan a florecer, aparecen nuevas hojas, se escuchan más pájaros cantar y aumentan los insectos. Los alumnos pueden observar durante varias semanas una planta o árbol cercano al colegio y anotar los cambios que se producen a partir de estas semanas.
Según el informe de la FAO Estado de los Bosques del Mundo 2024, entre 2015 y 2020 se destruyeron aproximadamente 178 millones de hectáreas de bosques, lo que equivale a un área del tamaño de Libia o Mongolia. Este ritmo de pérdida ha disminuido en comparación con décadas anteriores, pero sigue siendo alarmantemente alto.
No se trata de la caída natural de un árbol viejo o de un claro que se abre en el bosque por causas naturales, sino de la desaparición sistemática de grandes extensiones de árboles, normalmente por culpa de la actividad humana. Las consecuencias de la deforestación son profundas y nos afectan a todos.
Los bosques ayudan a combatir el cambio climático y a mantener el aire limpio
Desde el punto de vista ambiental, los bosques desempeñan un papel clave. Uno de los beneficios más conocidos es que los árboles absorben dióxido de carbono y liberan oxígeno. Esto significa que ayudan a combatir el cambio climático y a mantener el aire limpio.
Además, los bosques protegen el suelo. Sus raíces sujetan la tierra y evitan que se erosione con la lluvia o el viento. También regulan el ciclo del agua, ya que absorben parte del agua de lluvia y la liberan poco a poco, reduciendo el riesgo de inundaciones.
Otro aspecto fundamental es la biodiversidad. En los bosques viven miles de especies animales y vegetales. Explicar esto en clase puede hacerse comparando el bosque con una gran ciudad natural donde cada especie tiene su «casa» y su función. Cuando desaparece una parte de ese sistema, todo el conjunto se ve afectado.
Los seres humanos se han servido de la madera de los bosques desde tiempos remotos para calentarse y para construir sus casas. También nos han proporcionado alimentos como frutas y frutos secos, resinas para usos medicinales e industriales, y materias primas que han sostenido economías locales durante generaciones. En muchas regiones del planeta esa dependencia sigue existiendo hoy.
Además, los bosques han sido desde siempre lugares de encuentro. En muchas culturas, los claros del bosque acogieron celebraciones comunitarias, rituales y mercados al aire libre donde la gente se reunía para intercambiar productos e historias. Hoy, aunque la vida se desarrolle mayoritariamente en ciudades, los bosques siguen siendo el destino elegido por familias y grupos de amigos para pasar un día al aire libre, hacer una excursión o practicar deporte.
Entre 2015 y 2020 se destruyeron aproximadamente 178 millones de hectáreas de bosques
El Día Internacional de los Bosques o Forest Day, es una celebración relativamente reciente. En 2011 se celebró el Año Internacional de los Bosques bajo el lema «Bosques para las personas», una campaña que recorrió el mundo mostrando hasta qué punto nuestra supervivencia está entrelazada con la de los ecosistemas forestales. El éxito de aquella campaña demostró que la celebración tenía que repetirse.
En junio de 2012 se celebró en Río de Janeiro la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible (Río+20), en la que se dedicó mucha atención al papel de los bosques en el futuro del planeta. Todos estuvieron de acuerdo en que no era posible avanzar hacia un desarrollo sostenible sin conservar y gestionar adecuadamente los ecosistemas forestales.
Finalmente, en diciembre de 2012 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la creación del Forest Day o Día Internacional de los Bosques.
Cada año, el Día Internacional de los Bosques se centra en un tema específico. En algunas ediciones se ha hablado de los bosques y el agua para explicar cómo los árboles ayudan a conservar ríos y acuíferos. Otros años se ha destacado su papel en la lucha contra el cambio climático, ya que los bosques absorben dióxido de carbono y ayudan a regular la temperatura del planeta. También se han tratado cuestiones como la relación entre bosques y biodiversidad, recordando que en ellos viven millones de especies animales y vegetales, o su importancia para la alimentación y los medios de vida de muchas comunidades.
El lema elegido para 2026 es «Bosques y economías», para poner el foco en el papel que desempeñan en el desarrollo económico y el bienestar de las sociedades. Los bosques no solo generan empleo e ingresos a través de la producción de madera o alimentos, sino que también sostienen actividades como la agricultura familiar, protegen las cuencas hidrográficas y garantizan servicios clave, como el suministro de agua limpia.
No hay mejor manera de aprender a valorar un bosque que conocerlo de cerca. Por eso, una excursión a un parque cercano, a un espacio arbolado o incluso al patio del colegio si tiene vegetación suficiente puede ser el punto de partida ideal. Durante la salida, los alumnos pueden recoger las hojas caídas al suelo de distintas formas, calcular la altura de un árbol contando pasos o permanecer unos minutos en silencio para anotar cuántos cantos de pájaros distinguen. De vuelta en clase, esos datos se comparten y se convierten en punto de partida para hablar de la diversidad que esconde cualquier espacio natural, por pequeño que sea.
La lectura también es una herramienta muy valiosa. Para los más pequeños, El hombre que plantaba árboles de Jean Giono, en su versión ilustrada, transmite con sencillez la paciencia y el amor por la naturaleza. El bosque animado de Wenceslao Fernández Flórez, adaptado para jóvenes lectores, mezcla humor y emoción para hablar de los seres que habitan la espesura. La vida secreta de los árboles de Peter Wohlleben, en su edición infantil, desvela cómo los árboles se comunican, se ayudan y viven en comunidad.
Además, existen recursos digitales que pueden complementar el trabajo en clase. Por ejemplo, en la página Bosques al Aula se publican materiales interactivos y en red pueden encontrarse actividades medioambientales relacionadas con los bosques, que incluyen juegos y propuestas didácticas adaptadas a distintas edades.
Más allá de la celebración en el aula, es importante transmitir que el cuidado de los bosques continúa en casa. Explicar al alumnado que pequeñas acciones diarias pueden marcar la diferencia es fundamental.
Reducir el consumo de papel, reutilizar cuadernos cuando sea posible y reciclar correctamente son hábitos sencillos que contribuyen a disminuir la presión sobre los recursos forestales. También es importante fomentar el respeto por los espacios naturales cuando se visitan, evitando tirar basura o dañar plantas.
Pasear entre árboles, tumbarse a mirar las copas, respirar hondo o simplemente estar en silencio rodeado de verde son gestos sencillos que ayudan a compensar una vida urbana que a menudo desgasta. En países como Japón existe una práctica llamada shinrin-yoku, que podría traducirse como «baños de bosque», y que consiste precisamente en sumergirse en la atmósfera del bosque para absorber sus beneficios. Los bosques son, en ese sentido, una fuente discreta pero poderosa de salud para quienes los disfrutan.
En distintos lugares del mundo hay personas y proyectos concretos que han trabajado de forma decidida para proteger los árboles. El Desafío de Bonn, por ejemplo, intenta restaurar millones de hectáreas de tierras degradadas en todo el planeta. Un ejemplo muy conocido es el Movimiento Cinturón Verde, fundado por Wangari Maathai en Kenia, gracias al cual millones de árboles han sido plantados y muchas mujeres han encontrado trabajo cuidando su entorno. En la India surgió en los años setenta el Movimiento Chipko, en el que personas de distintas comunidades rurales abrazaban los árboles para impedir su tala.
Cuando un alumno comprende que el papel de su cuaderno proviene de los árboles, descubre la relación entre su vida diaria y la naturaleza que le rodea. Esta conexión no solo ayuda a entender de dónde vienen algunos de los recursos que usamos, sino también que los bosques limpian el aire, protegen el suelo y el agua, y son el hogar de muchísimas especies de plantas y animales. Por eso es importante cuidarlos, una responsabilidad que puede empezar en el aula.