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Créditos de carbono: qué son, cómo funcionan y su impacto global

Medio Ambiente

13 minutos de lectura

Arantza García

19 Febrero, 2026

Los créditos de carbono pueden parecer un concepto complejo, pero en realidad son la materialización de una idea muy sencilla: sirven para medir cuánto contaminamos y buscar la manera de compensarlo apoyando proyectos que cuiden el planeta.

¿Qué son los créditos de carbono?

Los créditos de carbono nacen como una herramienta para luchar contra el cambio climático. Permiten convertir las emisiones en una unidad medible para que sean más fáciles de gestionar.

Definición y propósito

Un crédito de carbono representa una cantidad concreta de gases de efecto invernadero que se dejan de emitir a la atmósfera o que se eliminan de ella. Cada crédito equivale a una tonelada de dióxido de carbono que no llega al aire. 

El propósito de los créditos de carbono es doble. Por un lado, animar a empresas, gobiernos y personas a reducir su contaminación. Por otro, apoyar proyectos que ayudan a cuidar el medio ambiente. Es una forma de poner valor económico a las acciones que protegen la Tierra. Para trabajar esta idea en el aula, una actividad muy sencilla consiste en dibujar un gran planeta en una cartulina y colocar sobre él pegatinas oscuras cada vez que se menciona una acción que contamina, como usar el coche o dejar luces encendidas. Después, se añaden pegatinas verdes cuando se proponen acciones positivas, como reciclar o plantar árboles, mostrando visualmente cómo unas acciones pueden compensar a otras.

Diferencia entre créditos de carbono y bonos de carbono

Aunque muchas veces se usan como si fueran lo mismo, créditos de carbono y bonos de carbono no se utilizan exactamente igual. Los créditos de carbono se refieren a las unidades que se compran y venden para compensar emisiones. Los bonos de carbono, en cambio, son los permisos oficiales para emitir gases creados por gobiernos o acuerdos internacionales.

Un crédito de carbono sería como una moneda que puedes usar para pagar algo. Un bono de carbono sería más parecido a un ticket emitido por una institución que garantiza que ese valor es correcto y aceptado.

Cómo funcionan los créditos de carbono

Aunque el sistema completo es complejo, la lógica básica de uso de créditos de carbono es sencilla.

Proceso de generación y certificación

Los créditos de carbono se generan a partir de proyectos que realmente reducen o absorben emisiones. Por ejemplo, un bosque que se planta en una zona degradada puede absorber dióxido de carbono del aire. Esa cantidad absorbida se mide con cuidado y, si cumple ciertos requisitos, se convierte en créditos de carbono.

La certificación es una parte clave del proceso. Organismos especializados revisan que el proyecto sea real, que los datos sean correctos y que el beneficio para el clima sea verdadero. Es como un examen de los que se hacen en clase: solo si el proyecto «aprueba» recibe sus créditos. En el aula, este proceso puede trabajarse a través de un pequeño juego en el que algunos alumnos hacen de «inspectores del planeta» y otros presentan proyectos imaginarios relacionados con el medio ambiente, que deben ser revisados antes de ser aceptados.

Mercados regulados vs. mercados voluntarios

Los créditos de carbono se mueven en dos grandes tipos de mercados. Los mercados regulados son aquellos en los que los gobiernos obligan a ciertas empresas a compensar sus emisiones. Es como una norma del colegio que todos deben cumplir: si contaminan más de lo permitido, tienen que comprar créditos.

Los mercados voluntarios funcionan de otra manera. Aquí nadie obliga, pero empresas o personas deciden compensar su huella de carbono porque quieren ser más responsables con el medio ambiente. 

Actores clave: gobiernos, empresas y ONGs

En el sistema de créditos de carbono participan muchos actores. Los gobiernos crean normas y acuerdos internacionales. Las empresas suelen ser las que más compran créditos, ya que sus actividades generan muchas emisiones. Las organizaciones no gubernamentales (ONGs) suelen desarrollar y supervisar los proyectos ambientales.

Los créditos de carbono funcionan como una «moneda ambiental» que ayuda a reducir los gases que calientan la Tierra

Tipos de proyectos que generan créditos de carbono

No todos los créditos de carbono se generan de la misma manera. Existen distintos tipos de proyectos, cada uno con características propias, pero todos con el mismo objetivo final: reducir el impacto de la actividad humana en el clima.

Reforestación y restauración de ecosistemas

Plantar árboles es una de las formas más conocidas de generar créditos de carbono. Los árboles absorben dióxido de carbono mientras crecen, por lo que ayudan a limpiar el aire. La restauración de ecosistemas también incluye recuperar manglares, humedales o selvas que habían sido dañadas.

En el aula, este tipo de proyectos se entienden muy bien, ya que los niños pueden visualizar fácilmente cómo un árbol «respira» y ayuda al planeta. En clase se puede hacer entre todos un mural de un bosque en el que cada alumno añada un árbol de papel con su nombre. Cada árbol representa una acción positiva para el clima, reforzando la idea de que muchas pequeñas acciones juntas pueden generar un gran cambio.

Energías renovables y eficiencia energética

Otro tipo de proyectos se centra en cambiar la forma en que producimos y usamos la energía. Instalar paneles solares, molinos de viento o mejorar el aislamiento de edificios para gastar menos electricidad son acciones que reducen emisiones.

Captura y almacenamiento de carbono

En lugares donde se producen grandes cantidades de dióxido de carbono, como fábricas o centrales de energía, es posible utilizar una tecnología diseñada para recoger el gas antes de que llegue a la atmósfera. Después, lo transporta y guarda en espacios muy profundos bajo tierra, donde queda atrapado de forma segura durante mucho tiempo. Aunque puede parecer un proceso complejo, en el aula puede explicarse como una especie de red gigante que recoge el gas contaminante y lo esconde para que no siga calentando el planeta.

Precio y factores que influyen en el valor de los créditos

Los créditos de carbono no siempre cuestan lo mismo, y su precio refleja su calidad y la confianza que generan. De hecho el precio puede cambiar mucho. En algunos mercados pueden valer solo 2 o 3 dólares por cada tonelada de CO₂, mientras que otros, con proyectos considerados de mejor calidad, pueden costar 20 o 30 dólares.

En Europa por ejemplo, donde el mercado está más regulado, el precio es mucho más alto: en los últimos años ha estado entre 60 y 100 euros por tonelada.
¿Por qué cambian tanto? Depende de varios factores. 

Oferta y demanda en el mercado

Como ocurre con muchos productos, el precio de los créditos de carbono depende de cuántos hay disponibles y de cuántas personas o empresas quieren comprarlos. Si hay muchos proyectos y pocos compradores, el precio baja. Si hay pocos créditos y mucha demanda, el precio sube.

Impacto de las regulaciones internacionales

Las leyes y acuerdos internacionales influyen mucho en el precio de los créditos. Cuando los países se comprometen a reducir emisiones, aumenta la necesidad de créditos y su valor suele subir. 

Transparencia y calidad del crédito

No todos los créditos de carbono tienen la misma calidad. Los más valiosos suelen ser aquellos que provienen de proyectos bien controlados, con beneficios claros para el clima y las comunidades locales. La transparencia es clave para evitar engaños y asegurar que el sistema funcione.

Ventajas y desventajas de los créditos de carbono

Como cualquier herramienta, los créditos de carbono tienen aspectos positivos y negativos. Entre sus ventajas está que permiten financiar proyectos ambientales y concienciar sobre la contaminación. También ofrecen una solución práctica mientras se avanza hacia modelos más sostenibles.
Entre las desventajas, se encuentra el riesgo de que algunas empresas los usen como excusa para no reducir realmente sus emisiones. 

El papel de los créditos en el Acuerdo de París

El Acuerdo de París es un pacto internacional en el que casi todos los países del mundo acordaron intentar reducir la cantidad de gases contaminantes que se envían a la atmósfera para que la temperatura del planeta no siga aumentando. Entre las medidas, se planteó utilizar los créditos de carbono como una ayuda para cumplir sus compromisos. Esto significa que, si a un país le resulta muy difícil reducir todas sus emisiones por sí mismo, puede apoyar proyectos en otros lugares del mundo que sí logran reducir la contaminación, y a cambio recibir créditos de carbono que suman como parte de su esfuerzo por cuidar el clima. 

Cómo participar en el mercado de créditos de carbono

Existen distintas formas de participar en este sistema, tanto para grandes empresas como para personas individuales. Sin embargo, es importante explicar que los créditos de carbono no son la única manera de actuar frente al cambio climático. Antes de compensar, lo más recomendable es intentar reducir nuestra propia huella de carbono a través de hábitos cotidianos más responsables, como ahorrar energía, consumir menos productos o elegir medios de transporte más sostenibles.

Por eso, resulta muy útil complementar la información sobre créditos de carbono con recursos educativos sobre consumo responsable, para explicar a los alumnos que pequeños cambios pueden marcar una gran diferencia.

Comprar créditos como empresa o particular

Comprar créditos de carbono es una de las formas más habituales de participar en este sistema. Las empresas suelen hacerlo para compensar la contaminación que generan con su actividad diaria, como fabricar productos, transportar mercancías o consumir mucha energía. En lugar de contaminar sin más, compran créditos que representan acciones positivas para el planeta. De esta manera, intentan equilibrar lo que contaminan con lo que ayudan a mejorar.

Las personas particulares también pueden comprar créditos de carbono, aunque en menor cantidad. Un ejemplo es el de un viaje en avión: algunas compañías ofrecen la opción de compensar el viaje apoyando un proyecto ambiental. Comprar créditos no hace desaparecer la contaminación que ya se ha producido, pero sí contribuye a que, en conjunto, el daño al planeta sea menor y a que se financien iniciativas que cuidan la Tierra.

Invertir en proyectos certificados

Otra manera de participar es apoyar económicamente proyectos ambientales que ya existen o que están a punto de ponerse en marcha y que, con el tiempo, generarán créditos de carbono.

Este tipo de participación permite seguir más de cerca el impacto positivo del proyecto y entender mejor cómo funciona. Para explicarlo en clase, puede compararse con apadrinar un árbol o colaborar en una campaña solidaria: no se ve el resultado de inmediato, pero con el tiempo se observan los beneficios.

Plataformas y organismos acreditados

Para que los créditos de carbono sean fiables, es fundamental que existan plataformas y organismos que los controlen y verifiquen. Estos se encargan de comprobar que los proyectos son reales, que las reducciones de emisiones se miden correctamente y que no se cuentan dos veces los mismos beneficios para el clima. 

En España, uno de los organismos más importantes es el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, que gestiona el Registro de huella de carbono, compensación y proyectos de absorción de dióxido de carbono. Esta herramienta ayuda a las empresas a medir lo que contaminan y a compensarlo de forma oficial. También destaca AENOR, que certifica proyectos y verifica que cumplen con normas ambientales reconocidas.

En cuanto a plataformas, existen iniciativas como ClimateTrade o CO2 Revolution, que funcionan como un puente entre quienes quieren compensar su huella de carbono y quienes están trabajando para reducir emisiones. 

Un crédito de carbono solo es válido si un organismo especializado ha revisado que el proyecto sea real, que los datos sean correctos y que el beneficio para el clima sea verdadero

Preguntas frecuentes sobre créditos de carbono

¿Cuál es la diferencia entre crédito y certificado de carbono?

El crédito es la unidad que se compra y vende. El certificado es el documento que asegura que ese crédito es real y cumple las normas. Es como la diferencia entre un producto y su etiqueta de calidad.

¿Cómo saber si un crédito es legítimo?

Un crédito legítimo suele estar respaldado por organismos reconocidos y por proyectos bien documentados. 

¿Puedo vender créditos de un proyecto personal?

En teoría sí, pero en la práctica no es algo sencillo ni inmediato. Para que una acción se convierta en créditos de carbono oficiales, no basta con tener una buena idea: es necesario demostrar, con datos y mediciones claras, que ese proyecto realmente reduce o absorbe una cantidad concreta de dióxido de carbono.

Además, el proyecto debe pasar por un proceso de certificación realizado por organismos especializados. Estos organismos revisan que la reducción de emisiones sea real, que se mantenga en el tiempo y que no se trate de algo que habría ocurrido igualmente sin el proyecto. Todo este proceso implica cumplir normas muy estrictas, presentar informes y, en muchos casos, asumir costes económicos.

En definitiva, los créditos de carbono son una herramienta compleja, pero con una base sencilla que puede trabajarse desde edades tempranas. 

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