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30 Septiembre, 2026
Crecer significa aprender a convivir, conocer los derechos y deberes de los niños y entender que ambos forman parte de un mismo aprendizaje
Todos los niños y niñas tienen unas garantías que deben ser respetadas para poder crecer, aprender y desarrollarse.
La referencia internacional fundamental es la Convención sobre los Derechos del Niño, aprobada por Naciones Unidas en 1989. El tratado reconoce que la infancia es una etapa que necesita una protección especial y establece derechos relacionados con la educación, la salud, la familia, la protección frente a la violencia, la participación, el descanso o el juego. La ONU señala que todos estos derechos están relacionados y tienen la misma importancia.
Para un alumno de Primaria, la palabra ‘derecho’ puede resultar algo abstracta. Una forma sencilla de explicarla es decir que un derecho es algo que todos los niños necesitan y que los adultos, las instituciones y los gobiernos deben ayudar a proteger.
Por ejemplo, un niño tiene derecho a recibir educación. Esto significa que debe poder acudir a la escuela y aprender en condiciones adecuadas. También tiene derecho a recibir atención sanitaria, a vivir en un entorno seguro, a ser protegido frente a cualquier forma de violencia y a expresar sus opiniones en los asuntos que le afectan.
El derecho a jugar es un buen ejemplo para trabajar en clase. Jugar no es simplemente una recompensa después de hacer los deberes. La propia Convención reconoce el derecho al descanso, al juego y a participar en actividades culturales y artísticas.
La Convención también relaciona los derechos de la infancia con la protección del medio ambiente: establece que la educación debe fomentar el respeto por el entorno natural. Además, en 2023, el Comité de los Derechos del Niño afirmó expresamente que los niños tienen derecho a un medio ambiente limpio, saludable y sostenible mediante su Observación general núm. 26.
Los derechos sirven para que ningún niño quede fuera de las oportunidades que necesita para desarrollarse. La educación, la alimentación, la vivienda, la salud, el descanso o la protección están conectados entre sí. Si un niño no tiene cubiertas sus necesidades básicas, también puede encontrar más dificultades para aprender o relacionarse con los demás.
Los datos muestran que esta protección sigue siendo necesaria. Según el informe de UNICEF España sobre pobreza infantil publicado en 2025, el 34,8% de los niños, niñas y adolescentes en España se encontraba en riesgo de pobreza o exclusión social. UNICEF advierte de que estas situaciones pueden limitar las oportunidades educativas y vitales de la infancia.
Esto permite explicar en clase que hablar de derechos no es hablar únicamente de normas. También significa preguntarse si todos los niños del mundo tienen realmente las mismas posibilidades de disfrutarlos.
Los derechos sirven para que todos los niños tengan las mismas oportunidades para desarrollarse
Los derechos necesitan convivir con unas normas básicas de respeto. Aquí aparecen los deberes, aquellas acciones y comportamientos que ayudan a que la convivencia funcione y permiten respetar los derechos de otras personas.
Derecho, deber y responsabilidad son conceptos relacionados, pero no significan exactamente lo mismo. Un derecho es algo que una persona debe poder disfrutar. Un deber es toda acción que tiene que realizarse para respetar unas normas o a los demás. La responsabilidad tiene que ver con comprender las consecuencias de nuestras decisiones y actuar teniendo en cuenta cómo pueden afectar a otras personas.
Por ejemplo, un niño tiene derecho a expresar su opinión, pero eso no significa que pueda insultar a un compañero. Puede explicar lo que piensa y, al mismo tiempo, tiene el deber de respetar a los demás.
En clase el profesor puede plantear situaciones como querer hablar mientras otro compañero está hablando, encontrar un juguete que no es de uno o señalar que un compañero se ha equivocado en una actividad. Los alumnos pueden explicar qué derecho aparece en cada caso y qué responsabilidad deberían asumir.
Los deberes de los niños están presentes en muchos momentos de la vida cotidiana. En casa pueden colaborar con pequeñas tareas adaptadas a su edad, cuidar sus objetos y respetar a los demás miembros de la familia. En la escuela deben respetar a compañeros y profesores, cuidar los materiales, cumplir las normas de convivencia y participar en las actividades.
En la comunidad también existen responsabilidades. Tirar la basura en el lugar adecuado, respetar los espacios públicos, cuidar el entorno o aprender a hacer un consumo responsable evitando el desperdicio son comportamientos que contribuyen a una convivencia mejor.
No se trata de presentar los deberes como una lista de castigos u obligaciones. Lo importante es que el niño comprenda que sus acciones tienen consecuencias y que convivir significa tener en cuenta también las necesidades de los demás.
Los deberes y las responsabilidades, igual que los derechos, están presentes en muchas situaciones cotidianas
Entre los principales derechos de la infancia están el derecho a la vida y al desarrollo, a tener un nombre y una identidad, a recibir educación y atención sanitaria, a vivir en un entorno seguro, a estar protegido frente a la violencia, a expresar sus opiniones y a ser escuchado.
También están el derecho al descanso, al juego y a participar en actividades culturales, así como el derecho a mantener su propia cultura, lengua o religión. La Convención establece además que la educación debe contribuir al desarrollo de las capacidades del niño y enseñarle a respetar los derechos humanos, las diferencias y el medio ambiente.
Una manera útil de trabajarlos es pedir a los alumnos que piensen en un día normal: levantarse en casa, ir al colegio, jugar en el recreo, comer, hacer los deberes y volver a jugar. El profesor puede preguntar qué derechos aparecen en cada momento. Así descubren que los derechos de la infancia no son una cuestión lejana, sino que forman parte de su vida diaria.
Entre los deberes más importantes están respetar a otras personas, cumplir las normas de convivencia, cuidar los espacios y materiales comunes, colaborar en las tareas adecuadas para cada edad, escuchar a los demás y responsabilizarse de las propias acciones.
También es importante enseñar que los deberes no eliminan los derechos. Un niño que ha hecho algo incorrecto sigue teniendo derecho a ser tratado con respeto. Del mismo modo, tener derecho a ser escuchado no significa que todas sus decisiones tengan que ser aceptadas.
La clase puede crear una pequeña historia en la que aparezcan dos personajes: uno conoce sus derechos, pero no respeta los de los demás; el otro cumple sus responsabilidades, pero no se atreve a defender sus propios derechos. Después, los alumnos pueden explicar qué ocurre y cómo podrían actuar de otra manera.
La escuela es uno de los mejores lugares para aprender que los derechos deben aplicarse a todos por igual. No importa que un alumno sea más rápido, más tímido, tenga una discapacidad, hable otra lengua o necesite más tiempo para realizar una tarea.
La igualdad tampoco significa que todos tengan que recibir exactamente lo mismo. Algunos alumnos pueden necesitar apoyos diferentes para disfrutar de las mismas oportunidades. Esta idea permite introducir conceptos como la educación inclusiva, el respeto y la no discriminación de una forma cercana.
UNICEF recuerda que todavía existen importantes diferencias en el acceso efectivo a los derechos de la infancia en España. En enero de 2026, la organización presentó ante el Comité de Derechos del Niño de Naciones Unidas un informe en el que señalaba retos relacionados, entre otros aspectos, con la pobreza y la situación de los menores migrantes no acompañados.
Una actividad apropiada para trabajar la igualdad consiste en formar grupos y entregar a cada uno una situación diferente: un niño que no puede correr durante el recreo, una alumna que acaba de llegar al país y todavía no domina el idioma o un compañero que necesita más tiempo para leer. La clase puede pensar qué cambios permitirían que todos pudieran participar.
Las actividades educativas para el aula funcionan especialmente bien cuando parten de situaciones que los niños reconocen.
Una posibilidad es organizar un pequeño debate sobre un problema de convivencia real o imaginario. El profesor presenta una situación, como decidir qué hacer cuando dos alumnos quieren utilizar el mismo material, y cada grupo propone una solución explicando qué derechos y responsabilidades están implicados.
También pueden utilizarse juegos de tarjetas. En unas se escriben derechos y en otras situaciones cotidianas. Los alumnos deben relacionarlas y explicar por qué. Por ejemplo, la tarjeta ‘derecho a la educación’ puede relacionarse con ‘poder ir al colegio y aprender’, mientras que ‘derecho a ser escuchado’ puede vincularse con ‘poder dar mi opinión sobre una actividad de clase’.
Otra actividad puede ser un mural titulado ‘En nuestra clase todos tenemos derechos’. Cada alumno escribe o dibuja un derecho y, junto a él, una acción que ayuda a respetarlo. De esta manera, el mural no presenta los derechos como conceptos aislados, sino unidos a comportamientos concretos.
Para los alumnos más pequeños también puede funcionar un juego de roles. Dos niños representan una situación de conflicto y un tercero intenta encontrar una solución respetuosa. Después se cambia el papel de cada participante. Esta dinámica permite comprobar que una misma situación puede verse de maneras diferentes.
Los profesores pueden recurrir a materiales adaptados para niños, como la versión infantil de la Convención sobre los Derechos del Niño que ofrece UNICEF, que transforma el lenguaje jurídico del tratado en explicaciones comprensibles para los más pequeños, o la Plataforma de Infancia, que propone actividades para trabajar los contenidos de la Convención.
También resulta interesante utilizar datos actuales para conectar el aprendizaje con la realidad. La herramienta Infancia en Datos, permite consultar información sobre diferentes aspectos de la situación de los niños en España y comparar datos por territorios y otros factores.
Para las familias, lo más importante es continuar en casa las conversaciones iniciadas en el aula. Preguntar a los niños qué derechos creen que tienen, qué responsabilidades asumen o cómo resolverían un conflicto ayuda a convertir los derechos de la infancia en una parte natural de la educación cotidiana.
Son las garantías que tienen todos los niños y niñas para crecer, aprender, estar protegidos, desarrollarse y participar en la sociedad con dignidad.
Son responsabilidades relacionadas con el respeto a otras personas, las normas de convivencia, el cuidado de los espacios y la participación responsable en la familia, la escuela y la comunidad.
No. Los derechos pertenecen a todos los niños. El comportamiento puede tener consecuencias educativas, pero nunca significa perder derechos fundamentales.
No. Los derechos deben ejercerse respetando también los derechos de los demás. Por eso es importante enseñar conjuntamente derechos, deberes y responsabilidad.
Porque ayuda a los niños a comprender qué necesitan para desarrollarse y, al mismo tiempo, a reconocer que sus compañeros tienen las mismas garantías y merecen el mismo respeto. Aprenderlo desde situaciones cotidianas convierte la educación en derechos humanos en algo cercano, práctico y útil para la convivencia.