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El día de las ciudades: pedagogía para (re)construirlas

Con motivo del Día de las Ciudades, que se celebra el 31 de octubre, analizamos cómo deberían ser las metrópolis para ser más resilientes, habitables e inclusivas. Francesco Tonucci y Naciones Unidas nos dan las claves de cómo cimentar esas ciudades a través de dos proyectos: la ciudad de las Niñas y los Niños y Ciudades Amigas de la Infancia.

Cierra los ojos e imagina una ciudad dentro de treinta años. ¿Cómo es? ¿Más verde?, ¿más inclusiva?, ¿más humana y habitable? Las metrópolis más resilientes al cambio climático –ese cuyos efectos serán cada vez más evidentes a lo largo de las próximas tres décadas– son aquellas que consiguen poner en el centro a los seres humanos. Sin embargo, la mayoría de nuestras ciudades no están todavía planteadas para los colectivos más vulnerables, como los niños, las personas mayores, aquellas con discapacidad o las mujeres embarazadas. Por ello, su adaptación a la (no tan) nueva realidad planetaria aún no es una realidad.

Las ciudades deben ser diseñadas para todos los colectivos

En 2050, la mayor parte de la población vivirá en núcleos urbanos en los que, de momento, siguen predominando los vehículos y donde existen mayores niveles de contaminación atmosférica y acústica. «Las ciudades modernas se han construido para nosotros: adultos, varones, trabajadores, conductores de coches», explica  Francesco Tonucci, psicopedagogo italiano y padre de La ciudad de los Niños, que empezó como un libro y ha acabado convirtiéndose en un proyecto transversal global donde los protagonistas son los más pequeños. «Hay que tener en cuenta la opinión de los niños, porque La Ciudad de las Niñas y los Niños es de y para todos», asegura el experto.

Según la  Convención sobre los Derechos del Niño de la ONU, una  Ciudad Amiga de la Infancia es cualquier urbe, pueblo, comunidad o sistema de gobierno local comprometido con el cumplimiento de los derechos de las niñas, los niños y los adolescentes. Así lo define y entiende Unicef, pero para Tonucci el concepto va más allá: «Es una ciudad hecha por ellos». Porque, como recuerda, según el artículo 12 de dicha convención, los niños tienen derecho a expresar su opinión cada vez que se tomen decisiones que les afecten, como la planificación de las ciudades donde viven. Situarlos en el centro de la estrategia de forma participativa es, por tanto, clave para lograr espacios y servicios amigables e igualitarios.

Francesco Tonucci: «Una ciudad de los niños es de y para todos»

La participación de los niños es fundamental en la agenda urbana

La participación infantil, la autonomía de movilidad en el espacio público y el juego libre son la base del proyecto de Tonucci. Según el psicopedagogo, la autonomía de los niños está muy conectada con el juego: «La experiencia del juego es la más importante a nivel cognitivo, social, cultural y hoy en día nos encontramos con una interpretación muy dudosa de los espacios de juego urbanos». Y el motivo detrás de esta situación es evidente para el italiano: «Los servicios de infancia casi nunca son para ayudar a los niños, sino a los adultos». Si la propia ciudad se convirtiese en un espacio de juego urbano, lograríamos metrópolis más inclusivas, seguras, resilientes y sostenibles, lo que nos ayudaría a cumplir con la meta 11 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) incluidos en la Agenda 2030 de Naciones Unidas.

Para alcanzarlo, «la clave fundamental es que sean las propias personas las que participen en el desarrollo de su ciudad», explica Cristina Rodríguez-Porrero, representante de la Asociación de Personas Mayores UDP. Para no dejar a nadie atrás –ni niños ni mayores–, explica, «es necesario tener en cuenta la diversidad de circunstancias en las distintas etapas de la vida» y basar la proyección y desarrollo de ciudades amigables en criterios de «colaboración, convivencia, cocreación, compromiso y ciudadanía activa». Llegar a ser ciudadanos adultos activos, comprometidos y responsables pasa por una sólida formación a una edad temprana a través de «la sensibilización, la enseñanza y el aprendizaje», recuerda Amaya Celaya, coordinadora técnica del  Programa Global de Ciudades Resilientes de ONU-Habitat. Igual que sucedió con el reciclaje, explica, una vez que los más pequeños aprendan sobre entornos construidos, ciudades, espacios públicos, acciones climáticas y ecodiseño podrán empezar a participar, proponer y diseñar por sí mismos. Para lo cual, enfatiza, es necesario introducir «contenidos y actividades sobre diseño, arquitectura, arte, cambio y acción climática en las escuelas».

Amaya Celaya: «Es necesario introducir contenidos y actividades sobre diseño, arquitectura, arte, cambio y acción climática en las escuelas»

Los colegios son un punto de apoyo fundamental en la iniciativa de Tonucci y en el desarrollo de una ciudad sostenible y resiliente. De ahí surgen los chavales que formarán el Consejo de Niños (de 4˚ y 5˚ de primaria elegidos por sorteo) que se reunirá periódicamente con los alcaldes de las ciudades para exponerles sus ideas y ofrecerles su ayuda. Estos pequeños «son ciudadanos, protagonistas e interlocutores políticos con capacidad para decir lo que esperan de una ciudad adecuada para ellos», explica Lorena Morachimo, coordinadora de las redes de América Latina y España de la Ciudad de las Niñas y los Niños. Además, «son muy inclusivos y siempre tienen en cuenta a los colectivos más vulnerables, además de tener una visión integral a la hora de analizar problemas y plantear soluciones», añade.

Lorena Morachimo: «Los niños son muy inclusivos y tienen una visión integral a la hora de analizar problemas y plantear soluciones»

Pontevedra y Huesca son las dos ciudades españolas que han hecho una apuesta más fuerte por implantar este proyecto del italiano, que ya cuenta con una red de doce países y más de doscientas ciudades, cuarenta de ellas en España. «Pontevedra ha desarrollado un plan muy valiente para devolverle la ciudad a las personas y contener los privilegios del automóvil», señala Morachimo. Su apuesta fundamental ha sido el diseño urbano, que ha invertido el orden de prioridades: el peatón en la cúspide de la pirámide, el transporte público después y el vehículo privado en último lugar. Ampliar aceras, estrechas calzadas y hacerlas de un solo sentido, limitar la velocidad a 30km/h o construir caminos peatonales sin obstáculos han sido algunas de las medidas implantadas, que han conseguido rebajar los accidentes de tráfico –ahora prácticamente nulos–, reducir las emisiones de CO2 e incrementar la tasa demográfica.

Como dice Tonucci, la clave del éxito radica en creer en el proyecto. Porque, como señala Celaya, la voluntad política es «una de las claves para hacer frente a los retos urbanos del siglo XXI y construir espacios públicos adecuados y confortables, con una movilidad en red con alto grado de conectividad, seguros y accesibles para todos».

Pontevedra y Huesca han hecho una apuesta muy fuerte para convertirse en ciudades de los niños

La iniciativa de Tonucci (Ciudad de las Niñas y los Niños) y la de la ONU (Ciudades Amigas de la Infancia) son dos proyectos distintos, pero muy similares en su conceptualización y, sin duda, complementarios. El primero surge en Italia en 1991 y de ahí se da a conocer en otras ciudades italianas y europeas para, después, dar el salto a América Latina. En la ciudad argentina de Rosario –cuando Tonucci era asesor de Unicef en el país–, la agencia de Naciones Unidas se hace eco de la idea y pone en marcha su propia iniciativa. Desde entonces, estos dos proyectos trabajan en todo el mundo para desarrollar urbes que tengan en cuenta a los más pequeños, fomentando su participación e incluyendo sus opiniones en la toma de decisiones para crear espacios urbanos más inclusivos, habitables y resilientes. Los niños son el futuro de nuestras sociedades, así que ¿por qué no dejar que tomen las riendas de sus destinos y sus comunidades?

 

Texto: Carmen Gómez-Cotta