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¿Cómo gestionar los “residuos COVID” en el cole?

Mascarillas, guantes, botes de hidrogel… 2020 ha traído, junto con la crisis sanitaria, una serie de nuevos residuos que, en muchas ocasiones, hacen que nos preguntemos qué hacer con ellos. Su gestión inadecuada supone un nuevo peligro para la naturaleza. Te damos las claves para ayudarte a gestionar estos residuos en el centro escolar.

Casi sin darnos cuenta ha llegado a nuestras vidas un tsunami de nuevos residuos que nos acompañan en nuestro día a día en ese intento de volver a la normalidad. Las mascarillas, los guantes y los botes de gel hidroalcohólico son nuestros aliados contra la propagación de la COVID-19, pero su mala gestión podría echar a perder todos los esfuerzos realizados en los últimos años para promover un consumo responsable y la buena gestión de los residuos que generamos.

En la calle, en el parque, en el aula o en el patio, sin duda las mascarillas son elementos esenciales para cuidar de nuestra salud y la de todas aquellas personas que nos rodean, mayores y pequeños. Pero no olvidemos que los seres humanos nunca podremos estar plenamente sanos si nuestro planeta no goza de buena salud. Porque la Tierra no es solo el astro que acoge la vida, sino que su biodiversidad también nos protege de la propagación de virus y bacterias. Por eso, en la lucha contra el coronavirus debemos tener en cuenta que no podemos ahogar al planeta en un mar de mascarillas, guantes y botes de gel hidroalcohólico. Debemos cuidar nuestro entorno y proteger los ecosistemas al mismo tiempo que cuidamos de nosotros mismos.

Una sola persona podría llegar a utilizar 720 mascarillas desechables al año

Cada residuo a su sitio

Para que la pandemia de hoy no se convierta en un problema medioambiental que arrastremos durante décadas, la concienciación es clave. De la misma manera que muchas personas ya hemos interiorizado que los envases de plástico, latas y briks se depositan en el contenedor amarillo, los de papel y cartón en el contenedor azul y el vidrio en el verde, también debemos aprender sobre la importancia de depositar todos estos nuevos residuos sanitarios y materiales desechables deben ir en el contenedor adecuado. Y la escuela es el lugar perfecto para empezar a hacerlo.

Pero ¿sabemos exactamente cómo deshacernos de nuestros nuevos complementos diarios? Una pista: las mascarillas ni los guantes son envases, por lo tanto, no los depositaremos en el contenedor amarillo.

Pero tampoco en el marrón (orgánico). Su lugar es el contenedor gris –o con tapa naranja– destinado a todos esos residuos que se denominan el resto. Nada de lo que acaba en él se composta, así que ¡cuidado con lo que tiramos! Una manera de entenderlo –sobre todo para los más pequeños– es explicando que mascarillas y guantes comparten recipiente con pañales, compresas higiénicas, tampones, pañuelos usados, pelo, polvo o juguetes rotos. Sin embargo, si en casa –o en el cole– hay una persona sospechosa de tener COVID-19, nos desharemos de sus mascarillas usadas metiéndolas en una bolsa cerrada, preferentemente con cierre hermético,  que irá dentro de otra con las mismas características, y de ahí al contenedor gris. De esta manera estaremos evitando la propagación del virus y colaboramos a mejorar la salud pública y la naturaleza.

También debemos recordar que los guantes no son un indispensable en la lucha contra el coronavirus: al menos no para todos aquellos que no trabajamos en entornos sanitarios. Para nosotros, lo esencial es mantener una adecuada higiene de manos: en la escuela, lo mejor es lavarlas con agua y jabón varias veces al día, al igual que cuando se llega a casa. Con un gesto tan sencillo como abrir el grifo y lavarse las manos reduciremos estos residuos que, además, según alerta la oenegé ecologista WWF, pueden acabar en el estómago de cientos de animales marinos, poniendo sus vidas en peligro.

Lo que sí tiraremos al contenedor amarillo son los botes de gel hidroalcohólico vacíos. Eso sí, ¿por qué no hacerlo después de utilizarlos varias veces? Los más pequeños se pueden volver a rellenar –con botes más grandes que venden en las farmacias– para llevar siempre en nuestros bolsos y mochilas.

Las mascarillas siempre se depositarán en el contenedor gris

Proteger el planeta de los nuevos residuos Covid-19

Las matemáticas detrás de las mascarillas son un tanto abrumadoras, especialmente si tenemos en cuenta que las quirúrgicas e higiénicas no reutilizables sólo son eficaces durante 4 horas y tardan más de cien años en descomponerse. Es decir que, según  calcula WWF, si tenemos clase todo el día o estamos 8 horas fuera de casa, una sola persona utilizará 720 mascarillas desechables al año. Por si con esa cifra no somos capaces de hacernos una idea del impacto medioambiental que supondría abandonar todos estos residuos en nuestro entorno, solo hay que imaginarse los 3.860 millones de mascarillas que tan solo China ha exportado entre marzo y septiembre de este año. A eso, súmale los 60 millones que España ha fabricado en los últimos seis meses. Para reducir al máximo todos estos residuos en la situación de Covid-19, son muchos los que apuestan por mascarillas reutilizables: eso sí, antes de comprarlas, recuerda comprobar que estén homologadas y que sigan la especificación  UNE 0065, es decir, que sean aptas para evitar la propagación del virus.

Una mascarilla desechable tarda más de 100 años en desaparecer

Como reza la campaña puesta en marcha por los Ministerios de Consumo y para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico para luchar contra el abandono de residuos relacionados con la crisis sanitaria, «la mascarilla es para ti, no para la naturaleza». Porque durante los cientos de años que una mascarilla o unos guantes tardan en desaparecer, pueden afectar la flora y la fauna del entorno en el que se encuentran e, incluso, filtrarse en el agua y los suelos de ese espacio.  Y no podemos olvidar que, como recuerdan desde el proyecto Libera, la iniciativa de Seo BirdLife y Ecoembes para luchar contra la basuraleza, ya han aparecido mascarillas bañando algunas playas y abandonadas en otros entornos naturales. Evitarlo está en nuestra mano. Podemos cuidar de nuestra salud y de la del planeta, así que ¿por qué no empezar a ser responsables gestionando bien los residuos del aula?