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Educación ambiental frente al cambio climático

El cambio climático —con todas las consecuencias que conlleva— nos ha llevado a una situación de emergencia planetaria sin precedentes.

El ser humano con sus acciones ha sido, en gran parte, el responsable de ello, pero, precisamente por eso, es en sus manos donde se encuentra la solución para poner freno a esa situación límite.

En este punto, la educación ambiental se convierten en la gran herramienta con la que contamos para, si no solucionar completamente este problema, sí al menos ayudarnos a avanzar en la búsqueda de un futuro que, de verdad, exista teniendo en cuenta el cuidado de nuestro planeta.

Así, la educación ambiental comienza con un profundo ejercicio de reflexión individual y, posteriormente, de concienciación a nivel global. Para ello hace falta, sobre todo, pedagogía, información y formación. Y una de sus principales funciones es esa: enseñar a respetar el planeta conociendo sus límites biofísicos para, también, aprender a convivir en armonía con el resto de especies.

Para educar, es imprescindible contar con figuras que nos ayuden a crear conciencia ambiental

De esta forma, se hace (aún) más necesario apuntar en el calendario una fecha para darle la importancia que realmente se merece esta disciplina que todos los 26 de enero, desde hace ya más de 40 años, cuenta con su propia efeméride: el Día Mundial de la Educación Ambiental.

Fecha que tiene como origen en 1975, año en que se celebró en Belgrado el Seminario Internacional de Educación Ambiental que estableció los principios de la educación ambiental en el marco de los programas de las Naciones Unidas. Pero fue tres años antes, en la Declaración de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente celebrada en Estocolmo, Suecia, en junio de 1972, donde ya se hablaba de la importancia de la educación para la protección del medio ambiente. En esta conferencia se expuso la necesidad de establecer unos principios comunes y una guía para preservar y mejorar nuestro entorno.

La sociedad tiene la responsabilidad de tomar las medidas necesarias para contribuir a mitigar este proceso

Y, para educar, es imprescindible contar con figuras que nos ayuden a crear conciencia ambiental, que nos enseñen que los retos de futuro pasan necesariamente por el cuidado de nuestro entorno y, también, que nos acompañen en esa necesaria búsqueda de soluciones.

Esa figura es la del educador, un educador que tiene unos importantes retos por delante: hacer ver a las generaciones más jóvenes que no pueden rendirse en la lucha contra el cambio climático y, a la vez, proporcionarles las herramientas que necesitan para hacer frente a una nueva realidad que ha venido y vendrá marcada por ese cambio climático.

Pero el educador no debe sentirse solo en este camino. La sociedad en su conjunto tiene la responsabilidad de tomar las medidas necesarias para contribuir a mitigar ese proceso, adaptando su estilo de vida de acuerdo a la nueva disposición de recursos, más limitada que la que hemos disfrutado en las anteriores décadas. Vivir con menos, reducir el consumo energético y de materiales y volver a dejar espacio a la naturaleza.

Una nueva etapa que requerirá acciones inmediatas y un compromiso por parte de todos

En este contexto, la apuesta por parte de la Administración por la educación ambiental tiene que ser firme algo que, desde el Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO) y la Red Española de Desarrollo Sostenible (REDS-SDSN) ya se está trabajando con el fin de que esta educación ocupe el merecido lugar que le corresponde tanto en la estructura educativa como en la sociedad. Y este objetivo se ve plasmado en el informe “Hacia una educación para la sostenibilidad. 20 años después del Libro Blanco de la educación ambiental en España”, presentado durante la COP25 en Madrid. El primero de muchos pasos al que seguirá un Plan de Acción en el que ya está trabajando el Gobierno para conseguir que la educación para el desarrollo esté integrada en la educación formal a todos los niveles. Pero, sin la necesaria colaboración del Ministerio de Educación, no podrá ser una realidad.

Ahora, se abre una nueva etapa para la educación ambiental en España que se enfrena a varios retos y reinventarse frente a un nuevo contexto mundial definido por las crisis ecosociales, la visión multidisciplinar y la globalidad. Una nueva etapa que requerirá acciones inmediatas y un compromiso por parte de todos, en el que tanto políticos como ciudadanos tendremos que hacer de cada día un 26 de enero.