Helena Astorga, ambientóloga, educadora ambiental y responsable del proyecto Naturaliza, nos habla sobre cómo la educación puede impulsar la economía circular a través de los principios de las 7 R y el papel clave de los centros educativos y el profesorado en la transmisión de hábitos sostenibles desde edades tempranas.
En un contexto de crisis climática y presión creciente sobre los recursos naturales, la educación emerge como una herramienta clave para impulsar la transición hacia modelos más sostenibles. Según la UNESCO, la Educación para el Desarrollo Sostenible debe dotar a las personas no solo de conocimientos, sino también de valores, actitudes y comportamientos que permitan tomar decisiones responsables y actuar en beneficio del medioambiente y la sociedad. Sin embargo, los sistemas educativos aún afrontan importantes retos: se estima que una parte significativa del profesorado no dispone de las herramientas necesarias para trasladar estos aprendizajes a la acción, lo que limita el impacto real de la educación sobre los hábitos y estilos de vida. En este escenario, integrar principios como los de la economía circular desde edades tempranas resulta esencial para fomentar una ciudadanía más consciente, capaz de reducir su impacto y contribuir activamente a la sostenibilidad del planeta.
En esta conversación, Helena Astorga, responsable del proyecto Naturaliza, nos invita a reflexionar sobre cómo la educación puede convertirse en una palanca real de cambio a través de los principios de las 7 R. A partir de su experiencia, aborda el papel de los centros educativos y la formación del profesorado en la transmisión de hábitos sostenibles, así como la importancia de traducir la concienciación en acción. Su visión pone el foco en el potencial de los jóvenes como agentes de cambio, capaces de incorporar estos principios en su día a día y contribuir a la construcción de un futuro más justo y sostenible.