Última hora ambiental

Javier Benayas: «Solo si tenemos capacidad de acción, la educación será un arma cargada de futuro»

El planeta es como una vivienda compartida que solo funciona si todos trabajamos a una. Si no, la convivencia se desmorona. Con esta comparación, Javier Benayas, catedrático de Ecología en la Facultad de Ciencias de la Universidad Autónoma de Madrid, explica la situación actual del medioambiente. Con él, hacemos un repaso de las luces y sombras de este 2020 que está llegando a su fin.

La capacidad transformadora de la educación, si solo se considera un proceso de aprendizaje, es muy limitada. Sin embargo, si se piensa como una forma de pasar a la acción, el cambio social que impulsa puede ser absoluto. Al menos, así lo cree Javier Benayas, quien reivindica la necesidad de una educación ambiental que vaya más allá de la escuela e impregne a toda la sociedad. Este catedrático de Ecología en la Facultad de Ciencias de la Universidad Autónoma de Madrid asegura que, si queremos superar la crisis ecológica actual, debemos empezar a «gestionar la naturaleza de forma adecuada».

Última Hora Ambiental. Estamos a punto de despedir un año complicado para todos. Desde tu punto de vista, ¿cuáles son las mayores lecciones aprendidas?

Javier Benayas. Todo momento de crisis tiene su punto positivo: aprender de nuestros errores, reflexionar y plantear qué tenemos que cambiar. La pandemia de la covid-19 nos ha alertado de que esta casa común que es el planeta está descontrolada. Me gusta usar la metáfora de que el planeta es una vivienda en la que, al principio, todos se llevan muy bien y los espacios comunes se cuidan y comparten, pero, poco a poco, empiezan a surgir tensiones, cada uno se recluye en su casa y los espacios comunes se deterioran y degradan, se llenan de basura y aparecen cucarachas. En cierta manera, el virus es esa cucaracha. La pandemia nos está avisando de que no estamos gestionando la naturaleza de forma adecuada y, si no tomamos medidas, vendrán otros problemas.

UHA. Entonces, ¿llegamos a tiempo para remediarlo?

Todavía no nos hemos caído al precipicio. Siempre he pensado que esta crisis [medioambiental] la iban a vivir mis hijos, pero ahora sé que la voy a vivir yo, nuestra generación. Otra metáfora que me gusta usar es la del médico y el termómetro que usa para ver si uno tiene o no fiebre. Desde finales de los 90, los médicos del planeta están diciendo que este está enfermo, que tiene fiebre y que cada vez sube más. Se está haciendo muy poco para hacer frente a las enfermedades que se están detectando. A nadie se le ocurriría quedarse de brazos cruzados si una persona está doliente, ¿por qué iba a ser distinto con el planeta? Nadie esperaba que la crisis viniera por la vía sanitaria ni que todo fuera a suceder así de rápido y nos fuera a cambiar tanto la vida a todos.

UHA. El informe Hacia una Educación para la Sostenibilidad recoge la trayectoria de la educación ambiental en los últimos 30 años en España. ¿Cuáles han sido los mayores avances? ¿Cuáles son las principales asignaturas pendientes?

En primer lugar, apostar por la educación como un medio de transformación. Todos los problemas a los que nos enfrentamos son de origen social, por lo tanto, los cambios tienen que ser sociales. Pero la educación no es la única herramienta para producirlo. Si yo tengo una enfermedad, el médico me receta el prospecto y la píldora. De alguna forma, el prospecto es la educación, pero con una educación sin píldora no hacemos nada. Si educamos a la gente para que cambie su comportamiento hacia la sostenibilidad, pero no le damos las opciones sostenibles concretas –que son las píldoras que permiten producir los cambios– estamos predicando en el desierto. Ese es el gran fracaso de la educación ambiental en estos 30 años. Ahora se está viendo que la única forma de hacerle entender a la gente las enfermedades es dando prospectos acompañados de las píldoras apropiadas. La educación en sí misma tiene valor, pero muy poca capacidad de transformación social si no va acompañada de acciones, intervenciones y propuestas de cambio concretas.

«La pandemia nos está avisando de que no estamos gestionando la naturaleza de forma adecuada»

UHA. Algunos expertos afirman que hacen falta referentes en materia de medioambiente en nuestro país. ¿Cómo podemos impulsar estas figuras para que, además de liderar, motiven e inspiren a las nuevas generaciones?

JB. Hay muchas formas de producir cambios, y tener líderes y referentes –como en su día lo fue Félix Rodríguez de la Fuente– es muy importante. Hay una línea de investigación muy bonita en educación ambiental que se llama experiencias vitales significativas: ¿qué ha marcado y dejado huella en aquellas personas que se dedican al medioambiente o para las que el medioambiente está muy alto en su escala de valores? Tener personas que sean referentes sociales ayuda mucho a que se produzcan estos cambios. Tal vez ahora falten líderes en este y otros temas debido a un mayor protagonismo de otros valores, y los de ecología y medioambiente se quedan en un grupo minoritario. Por ejemplo, ahora que soy concejal del municipio de Soto del Real (Madrid) intento llevar a cabo acciones y propuestas para las que cuento con el apoyo de un 10% de entusiastas y otro 10% de interesados que necesitan mi motivación, pero luego me queda un 80% para los que estos temas no son prioridad. Y ahí es donde tenemos el gran reto: ¿cómo podemos llegar al no convencido? Incentivar positivamente es la clave: mejor premiar los buenos comportamientos que castigar los malos. Uno de los grandes problemas de la comunicación en medioambiente es el cariz negativo. Si nos dedicamos a emitir mensajes catastróficos, la gente no se une. El enfoque de la educación ambiental debe ser positivo y de disfrute. El catedrático Fernando González Bernáldez, precursor en todos estos temas en España, dijo una frase en los 80 que tuvo mucho calado: «antes de enseñar a conocer la naturaleza es más importante enseñar a amarla». Es decir, primero hay que hacer que la gente disfrute, lo pase bien y descubra los aspectos positivos, para que luego se implique.

UHA. ¿Cómo podemos implicar a los más pequeños en el respeto y la defensa del medioambiente? ¿Qué papel juegan los educadores a la hora de inculcarles valores de sostenibilidad?

JB.En la investigación que comentaba antes, la primera fuente de transformación, lo que deja una huella más profunda, son las actividades cuando uno es niño. La segunda, las personas relevantes, como un familiar, un profesor, un líder… Y la tercera, las experiencias escolares. Tenemos distintas vías de llegar a los niños y los jóvenes. Es fácil dejar huella en un niño y es clave hacerlo en un adolescente, porque es cuando se determina su personalidad. En ese momento debemos hacer que la sostenibilidad, la ecología y el medioambiente entren en su vida y se queden para siempre. Se han hecho muchas actividades con niños, pero uno de los grandes problemas de la educación y la sociedad españolas ha sido que cuando han crecido se han enfrentado a una sociedad insostenible y poco ecológica que no les ha premiado por defender una serie de valores.

 

«Siempre he pensado que la crisis medioambiental la iban a vivir mis hijos, pero ahora sé que la voy a vivir yo»

UHA. La Ley de Cambio Climático y Transición Energética, aprobada por el Consejo de Ministros el pasado mes de mayo, establece los objetivos que España deberá lograr antes de 2050 para conseguir la neutralidad en emisiones de carbono, impulsando el desarrollo de energías verdes y los coches eléctricos. ¿Qué opinión te merece esta norma? ¿Qué es lo más destacable y qué se podría mejorar?

Como ecologista, pido lo máximo. Pero cuando estoy metido en gestión, veo los límites a los que me enfrento, como que el 80% no está apoyando estas políticas. Podrían ser más ambiciosas, pero son razonables para la situación de la sociedad española actual y el contexto global. Seguro que hay personas que dirán que la ley es insuficiente, y lo comparto. Pero los cambios tienen que ser graduales, porque los radicales no producen una respuesta positiva, sino todo lo contrario: rechazo. Las propuestas que están saliendo del Ministerio de Transición Ecológica son muy positivas. Teresa Ribera es una persona con un gran conocimiento técnico ambiental de nuestro país, que sabe bien lo que hay que hacer y que está luchando con una serie de objetivos que no eran prioritarios y ahora lo son. Los 140 millones de euros de inversión que van a llegar en los próximos años para esta transformación tienen un enfoque de sostenibilidad muy importante. Creo que no hay mejor mensaje que eso.

«La educación en sí misma tiene valor, pero poca capacidad de transformación social si no va acompañada de acciones y propuestas de cambio concretas»

UHA. La a nueva Ley de Educación, la octava en la historia de la democracia, no se está librando de las críticas. ¿Cómo la valoras?

Se han incorporado ciertos aspectos de sostenibilidad, pero tendría que haber una asignatura sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). A nivel mundial, todos los Gobiernos se han puesto de acuerdo en que tenemos 17 retos en la biosfera y se han acordado 164 metas para cumplirlos. Por lo tanto, vamos a educar en las universidades a nuestros futuros líderes en esto, porque sus decisiones de futuro, cuando dirijan una empresa o incluso un Gobierno, tienen que incorporar criterios de sostenibilidad. Filipinas, por ejemplo, ha impuesto que todos los estudiantes planten 10 árboles antes de graduarse. A priori, esta decisión parece absurda, pero si multiplicamos 200 millones de universitarios en el mundo por 10 árboles cada uno, son 2.000 millones de árboles plantados cada año. Imagina si cada alumno tuviera que emprender acciones por cada ODS, implicándose para transformar su entorno acorde a estos objetivos con una asignatura de intervención para mejorar su entorno próximo. Hay consenso por esta vía, cosa que no tenía la controvertida asignatura de Educación para la Ciudadanía. Los ODS se comparten en todo el mundo, se consideran una herramienta de trabajo común: vamos a utilizarlos y meterlos en la educación. Solo si realmente tenemos capacidad de acción y de intervención, la educación será un arma cargada de futuro.

«Los ODS se consideran una herramienta de trabajo común: vamos a utilizarlos y meterlos en la educación»

Benayas nos recuerda algo que a veces olvidamos: «La educación, por sí sola, como proceso de aprendizaje intelectual, tiene una capacidad de transformación muy limitada». Por ello, un profundo cambio social como el que necesita nuestro planeta debería transcender lo teórico y dar un paso más. Para conseguirlo, anima tanto a activistas como educadores a que actúan pensando siempre que «la clave radica en la acción». Una educación ambiental que fomente esa acción en una sociedad que premie los comportamientos positivos será la base del éxito ecológico.

 

Texto: Carmen Gómez-Cotta