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Solo caminando juntos conseguiremos una Educación de Calidad (ODS4)

Con motivo del cumpleaños de la Agenda 2030, y en un momento excepcional para los centros educativos del mundo entero, desgranamos lo que se está haciendo en para garantizar el derecho a la educación post pandemia.

Este 25 de septiembre, la Agenda 2030 cumple cinco años. Hace un lustro nacieron los conocidos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) con la misión de dar continuidad a los Objetivos de Desarrollo del Milenio y coordinar el trabajo de todos los países para crear un futuro mejor. De los 17 objetivos, hay uno que podríamos considerar transversal a todo y que es de vital importancia: el número 4, dedicado a la educación. «Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos», reza este en la declaración firmada en Naciones Unidas en 2015. Pero ¿estábamos cerca de cumplirlo, incluso antes de una pandemia que ha impactado directamente en los sistemas educativos alrededor del mundo?

En la última década, los países y oenegés hicieron un gran esfuerzo colectivo para ampliar el acceso a la educación y las tasas de matriculación en todos los niveles, según la ONU. Sin embargo, según la Unesco, sin tener en cuenta la pandemia, cerca de 250 millones de niños y niñas están fuera del sistema educativo. Además, desde Naciones Unidas recuerdan un dato un tanto escalofriante: «Más de la mitad de todos los niños y adolescentes de todo el mundo no están alcanzando los estándares mínimos de competencia en lectura y matemáticas». Y eso, antes de que el coronavirus pusiese a los países patas arriba.

«La educación es fundamental para crear ciudadanos libres y responsables» Federico Mayor Zaragoza

La pandemia nos ha hecho reflexionar sobre el estado de la educación en el mundo

El cierre de los centros educativos por culpa de la COVID-19 ha puesto en jaque la educación en los cinco continentes y ha hecho temblar los cimientos mismos de las escuelas. Hacía décadas que no había una amenaza mayor para la igualdad y el acceso al derecho a la educación. Unicef calcula que a medida que la pandemia se propagaba, afectó a más del 91% de los estudiantes en todo el mundo. En abril de 2020, cerca de 1.600 millones de niños y jóvenes estaban fuera de la escuela. Asimismo, cerca de 369 millones de niños que dependen de los comedores escolares tuvieron que buscar otras fuentes de nutrición diaria. Nunca antes se había dado una situación de tal envergadura, con tantos menores sin acudir a la escuela al mismo tiempo, y que altera su aprendizaje, su desarrollo y cambia drásticamente sus vidas, especialmente las de los más vulnerables.

«La educación es fundamental para crear ciudadanos libres y responsables», explica  Federico Mayor Zaragoza, profesor y ex director general de la Unesco. Y precisamente para ello y para intentar paliar la situación que podría hacer retroceder muchas zonas vulnerables, la organización que dirigía puso en marcha en marzo una   Coalición Mundial para la Educación COVID-19. Una iniciativa que busca ayudar a los países a movilizar recursos para implementar una educación a distancia de calidad, pero también a garantizar el acceso universal y reducir las tasas de abandono escolar e, incluso, reconstruir comunidades educativas como es el caso de Beirut (Líbano). De esta manera, a través de una plataforma de colaboración e intercambio, se pretende salvaguardar el derecho a la educación a través de tres grupos de acción: género, profesores y conectividad.

«Ningún aparato electrónico sustituirá nunca la capacidad de un maestro de explicar, guiar e implicarse en la vida de los alumnos» Mayor Zaragoza

Hacia una educación tecnológica

Especialmente relevante es esta última, ya que estos meses se ha hablado mucho de la transformación tecnológica de la educación y, de hecho, se ha llevado a cabo en gran parte del planeta. Todos sabemos que, en España, el curso pasado terminó a base de videollamadas, proyectos, fichas y blogs interactivos. Sin embargo, menos se conoce sobre los esfuerzos de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), que puso a disposición de los países del centro y sur de América –pero también de la península ibérica– herramientas y contenidos digitales gratuitos para docentes. Así, estos pudieran repartirlos –muchas veces en forma de fotocopias, en mano– entre sus alumnos, tanto a aquellos con acceso a la red como a ese 40% al que le es imposible conectarse. En Latinoamérica, según el secretario general de la OEI, Mariano Jabonero, «el impacto negativo en cuanto a la brecha digital afecta especialmente a las poblaciones suburbanas, los grandes barrios en torno a las ciudades, por ejemplo, en el caso de Buenos Aires, São Paulo, Lima, Santiago de Chile, México… Pero también a las zonas rurales». Y, en menor escala, pero es algo que también sucede en nuestro país: según el Instituto Nacional de Estadística (INE) , a día de hoy sigue habiendo más de un 9% de hogares que solo acceden a internet a través de su teléfono móvil. Pero, además, sigue habiendo quien, directamente, no tiene internet, especialmente en la España rural, o donde la velocidad de conexión es muy baja. Por eso, para adaptarnos a esta nueva situación y que ningún niño o adolescente se quede atrás, «hay que pensar en otras formas de hacer educación, de relacionarnos y de convivir, que no tienen que ser mejores, ni peores, sino diferentes», explica Vanessa de la Cruz, coordinadora del programa Educación conectada de la Fad, fundación sin ánimo de lucro que fomenta el desarrollo personal y social de jóvenes a través de la educación.  Por eso, la figura del docente es tan importante. Porque, como asegura Mayor Zaragoza, ningún aparato electrónico sustituirá nunca la capacidad de un maestro de explicar, guiar e implicarse en la vida de los alumnos.

 

«Hay que pensar en otras formas de hacer educación, de relacionarnos y de convivir, que no tienen que ser mejores, ni peores, sino diferentes» Vanessa de la Cruz

En España, al igual que en otros muchos lugares, han sido y son los maestros los que, con su implicación y creatividad, han conseguido que los más pequeños no se descolgasen de sus estudios. Ahora, lo primordial es que, en los cinco continentes, los niños y niñas en edad escolar vuelvan a clase de la manera más segura posible, para garantizar un derecho básico. Quedan solo diez años para cumplir la Agenda 2030 y este inicio de década está siendo un reto descomunal. Solo con el esfuerzo de todo conseguiremos lograr el ODS 4: garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos.

 

Texto:  José A. Cano y Raquel Nogueira