• Impactos ambientales por consumo de energía.

El cambio global está afectando a procesos esenciales que mantienen la vida. Este proceso incluye muchos vectores de cambio que interactúan reforzándose unos a otros:

  • Cambio climático
  • Contaminación
  • Deforestación, desertificación y pérdida de productividad del suelo
  • Pérdida de biodiversidad y alteración en la dinámica de las poblaciones naturales
  • Perturbaciones en los ciclos biogeoquímicos
  • Perturbaciones del ciclo hidrológico

En esta actividad se exponen los impactos ambientales que generan la producción y el consumo energético y la importancia de realizar diariamente un consumo consciente y responsable de la energía para minimizar el Cambio Global. Acciones pequeñas cobran una dimensión relevante si tenemos en cuenta que pueden ser muchos millones de personas en el planeta adquiriendo esta actitud de consumo responsable.

Además de una reducción del consumo, mediante acciones directas o indirectas (uso de productos de alta eficiencia energética, por ejemplo) es necesario tener en cuenta la procedencia de la energía eléctrica consumida: no sólo en cuanto a las fuentes (renovables frente o no renovables) sino también en cuanto al propio proceso de producción (fuentes de energía limpias frente a fuentes contaminantes). Cualquier proceso de producción de energía eléctrica a través de la combustión de materiales (incluyendo los biocombustibles, el biogás o la valorización energética de residuos), contribuyen a la emisión de gases invernadero como el CO2. En este sentido han surgido distintas iniciativas que promueven y facilitan el uso de energías generadas a través de procesos alternativos a la combustión (energía solar o eólica entre otras).

La proyección de imágenes en la primera sesión muestra algunas de las consecuencias del consumo energético. A continuación, se aporta contenido ambiental en relación a los impactos ambientales y a los hábitos responsables cotidianos de consumo energético:

  • Cambio climático.

El cambio climático generado por efecto de las acciones del ser humano es considerado una de las amenazas más importantes para la biodiversidad y los procesos ecológicos.

Está relacionado con el incremento de las concentraciones de los llamados gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera.  El efecto invernadero es un fenómeno natural que favorece la existencia de vida en la Tierra pues impide que se pierda todo el calor procedente del sol, y mantiene una temperatura compatible con la vida. Este efecto es debido fundamentalmente a la presencia de los llamados gases efecto invernadero (GEI), la mayoría de los cuales están presentes de manera natural en la atmósfera a diferentes concentraciones (no sucede así con otros de origen claramente antropogénico como los CFCs[1]). Los GEI retienen la radiación solar reflejada por la Tierra evitando que vuelva al espacio. La actividad humana ha incrementado significativamente la cantidad de gases de efecto invernadero libres en la atmósfera, consecuencia fundamentalmente de nuestro modo de producción, transporte y consumo energético. Como consecuencia de esta alteración de la atmósfera, el efecto invernadero natural se intensifica, provocando un incremento en la temperatura media del planeta. Es lo que llamamos calentamiento global, que tiene como consecuencia cambios en el clima.

Entre las consecuencias del cambio climático, la Comisión Europea[2] destaca las siguientes:

  • Deshielo de polos y glaciares y aumento del nivel del mar, causando inundaciones y erosión de las zonas costeras y de baja altitud: esto implica pérdida de hábitat de muchos seres vivos (ej. oso polar), pérdida de vidas humanas, inseguridad alimentaria y enfermedades.
  • Condiciones meteorológicas extremas y aumento de las precipitaciones, incluyendo inundaciones, deterioro de la calidad del agua y una progresiva disminución de los recursos hídricos.
  • Olas de calor, mayor vulnerabilidad a incendios forestales y sequías.
  • Cambios en la distribución de algunas enfermedades transmitidas por el agua.
  • Daños en propiedades, infraestructuras y salud.
  • Costes económicos en agricultura, silvicultura, energía y turismo.
  • Mayor riesgo de extinción de algunas especies vegetales y animales.

 

  • Contaminación.

 La contaminación de aguas, suelos o atmósfera es tal vez, junto con el calentamiento global, el elemento más visible y conocido de los que componen el cambio global.

Contaminación atmosférica:

Existe una gran variedad de contaminantes emitidos a la atmósfera desde fuentes fijas (industria, centrales térmicas, incineradoras, vertederos, calefacciones domésticas) o móviles (medios de transporte), algunos relacionados directamente con la combustión y otros como subproductos de las distintas actividades. Muchos de estos contaminantes provocan graves consecuencias en la salud humana (principalmente al sistema respiratorio y circulatorio), alteraciones en edificios o materiales y a los componentes y funcionamiento de los ecosistemas. (Ver también incremento del efecto invernadero en apartado anterior).

Contaminación hídrica:

(Ver además más adelante la información relativa a la contaminación nuclear)

El agua es el elemento esencial para la vida y, a su vez, los sistemas acuáticos, tanto marinos como dulces, son cruciales para el mantenimiento de los procesos ecológicos fundamentales.

A pesar de que la mayor parte de la superficie terrestre está cubierta por agua, tan sólo disponemos de un 0,3% de agua dulce en los ríos, lagos y pantanos.

La principal causa de la alteración del ciclo del agua es la presión generada por actividad humana, que ejerce una gran presión sobre los ecosistemas acuáticos.

Las repercusiones de la acción humana sobre el ciclo del agua (embalses, sobreexplotación de acuíferos, contaminación de las aguas) inciden directamente en la disponibilidad del recurso hídrico y la funcionalidad de los ecosistemas para proporcionar los bienes y servicios ambientales que precisa el bienestar humano.

Esta contaminación afecta a los ecosistemas acuáticos y a los ecosistemas ligados al agua, como son los bosques de ribera.  La desaparición de los bosques de ribera favorece a su vez las inundaciones. La contaminación de agua afecta también a la calidad de las aguas para uso y consumo humano, dejando en ocasiones desabastecidas de agua potable a las poblaciones y provocando enfermedades por consumo de agua contaminada.

El  incremento de CO2 en la atmósfera repercute también en el aumento de la cantidad de este gas que es captado por los océanos, provocando la acidificación de las aguas, lo que conlleva pérdida de productividad de los ecosistemas marinos, al disminuir la captación de oxígeno, reducirse los esqueletos de carbono de algunas especies significativas de fitoplacton (que son la base de la pirámide trófica marina) o el éxito reproductivo de algunas especies.

  • Lluvia ácida: se puede definir como la mezcla del agua de lluvia con la contaminación ambiental o polución del aire. En la quema de combustibles fósiles, se libera dióxido de azufre (SO2) y óxidos de nitrógeno (NOx) a la atmósfera. Estos gases químicos reaccionan con el agua, el oxígeno y otras sustancias para formar soluciones diluidas de ácido nítrico y sulfúrico, acidifican la lluvia que al caer daña el entorno en el que se encuentre. Estos gases no solo contaminan el aire y la humedad de la zona en la que están al crearse, sino que pueden recorrer largas distancias por el viento y precipitar en otra zona de la Tierra. La lluvia ácida provoca la acidificación de las aguas terrestres, como ríos, lagos, mares y océanos causando daños graves en la vida acuática y en la terrestre, daños en la vegetación, empobrecimiento de suelos, un efecto corrosivo sobre algunos materiales. Con el tiempo acaba afectando indirectamente a muchas especies más a través de la cadena alimentaria.
  • Marea negra: derrame de petróleo (= mezcla de hidrocarburos insolubles en agua) en el medio marino. Contamina el hábitat de numerosas especies marinas, alcanza costas y playas destruyendo la vida a su paso, o alterándola gravemente, a la vez que se generan grandes costes e inversiones en la limpieza, depuración y regeneración de las zonas afectadas. Los hidrocarburos que consiguen disolverse en el agua se dispersan rápidamente hasta alcanzar concentraciones por debajo del nivel de toxicidad aguda, pero pueden ser absorbidos por los organismos y afectar a su fisiología, comportamiento, potencial reproductivo y supervivencia.

Los hidrocarburos pueden también llegar hasta el sedimento, donde pueden persistir durante muchos años y afectar a los organismos que viven en el lecho marino (cangrejos, ostras, mejillones, almejas).

Afecta también a especies de a través de la cadena alimenticia afectando a seres humanos, población de peces, crustáceos, aves y mamíferos marinos.

Contaminación de suelos:

Las causas de la contaminación de los suelos son fundamentalmente el vertido de residuos y basura, uso intensivo de pesticidas y abonos químicos, fugas de materiales contaminantes, accidentes en almacenamiento de residuos, etc. La contaminación reduce o elimina los organismos vivos del suelo, encargados de descomponer la materia orgánica del suelo, por lo que se interfiere en el cierre del ciclo de la materia. Esto tiene como consecuencia la pérdida de calidad del suelo que además de suponer la reducción de la fertilidad del suelo para los cultivos, imposibilita el desarrollo de ecosistemas sanos. (Ver también la información relacionada con la lluvia ácida en el apartado anterior).

Contaminación por residuos radiactivos procedentes de la energía nuclear:

La contaminación radiactiva se define como la contaminación física de la atmósfera, hidrosfera y litosfera por las emisiones de materiales radiactivos. La radiactividad se forma cuando se desintegran varios átomos entre sí y se escapan partículas como neutrones, alfa, beta o rayos gamma, entre otras. Los desechos radiactivos son altamente peligrosos para la salud de un ser vivo y en general para el medio ambiente. Pueden ser arrastrados por el viento y la lluvia que hace caer las partículas radiactivas al suelo en un fenómeno que se denomina precipitaciones nucleares.  Muchas de estas partículas perduran muchos años en el agua y en el suelo, haciendo muy difícil combatir estos contaminantes. Estas sustancias tóxicas se pueden transmitir a su vez a través de la cadena alimenticia, de los animales y vegetales que extraen su alimento del suelo o del agua, llega a sus depredadores, entre ellos al ser humano. Si una persona está o ha estado en contacto con una partícula radiactiva puede traer como consecuencia enfermedades, como el cáncer, defectos degenerativos, leucemia, incluso la muerte.

  • Impacto social 

Desigualdades: No en todos los países del mundo el consumo de energía es igual.  El injusto reparto del consumo de energía en el mundo es un reflejo más de las diferencias sociales existentes entre Norte-Sur del planeta.

En los países más desarrollados el consumo de energía es más elevado, llegando incluso a necesitar más superficie para producir los recursos necesarios de la que se dispone. Consumir más recursos que los que hay disponibles es insostenible y requiere usar recursos de otros países o consumir los recursos del futuro.

Conflictos sociales y bélicos: se generan para controlar las regiones que tienen reservas petroleras. Se genera dependencia energética de los países productores.

[1] Los CFCs son compuestos muy estables que permanecen gran cantidad de tiempo en la atmósfera. En las capas más bajas (troposfera) Su gran tiempo de permanencia permitan que acaben alcanzando capas superiores de la atmósfera, llegando a la estratosfera, donde es causante de la disminución de la llamada capa de ozono, protectora de las radiaciones ultravioletas del Sol.

[2] https://ec.europa.eu/clima/change/consequences_es

  • Consumo consciente y responsable de la energía

El consumo consciente implica ser capaz de reconocer y comprender las implicaciones ambientales y sociales de las distintas fases del ciclo de vida de los productos a los que tenemos acceso como consumidoras. Un paso previo y necesario hacia el consumo responsable y transformador.

El consumo responsable, por su parte, implica tener en cuenta las repercusiones socioambientales a la hora de elegir entre las distintas opciones de consumo que ofrece el mercado. Es decir, actuar en consecuencia como consumidores para alcanzar una mayor sostenibilidad ecológica y social.

La disminución del consumo de energía mediante el ahorro y la eficiencia energética, así como el uso de fuentes de energía renovable conlleva a reducir todos estos impactos ambientales y sociales y fomentan la sostenibilidad del planeta.

Acciones pequeñas cobran una dimensión relevante si tenemos en cuenta que pueden ser muchos millones de personas en el planeta adquiriendo esta actitud de consumo consciente.

Se destacan a continuación algunas actitudes responsables de consumo energético:

  • Apagar luces cuando no sea necesario.
  • Apagar TV, radio, ordenador, etc. cuando no estén en uso.
  • Desenchufar electrodomésticos, aunque estén apagados (consumo fantasma): Los aparatos electrónicos conectados permanentemente a la red eléctrica, producen un bajo consumo, aunque estén apagados.
  • No dejar aparatos en stand-by: aparatos que se mantienen encendidos “en modo espera” (piloto rojo) consumen de energía (TV, DVD, monitor de ordenador)
  • Usar bici o caminar en vez de coger coche distancias cortas /usar transporte público: La elección del medio de transporte está directamente relacionada con nuestra contribución al cambio climático, a través de los tubos de escape de los motores. Las emisiones de gases contaminantes durante la fase de producción y de desecho son muy elevadas, principalmente por las baterías. Sería una alternativa sostenible si la producción de energía eléctrica proviene de energías renovables. La movilidad sostenible pasa por incrementar los recorridos a pie, el uso de la bicicleta o el transporte público – o en última instancia compartir vehículo- frente al uso del vehículo privado.
  • No dejar la puerta de la nevera abierta mucho rato (mientras se decide qué coger por ej.)
  • Uso responsable de la calefacción en invierno
  • Uso responsable del aire acondicionado en verano
  • Integrar las 3 R’s:

Reducir el consumo de productos, así se reduce el consumo de energía (producción, transporte, gestión del residuo): Adquirir sólo lo necesario, utilizar los productos hasta su final de vida, evitar productos de un solo uso, desechable y sobre empaquetados

Reutilizar: donar, regalar o vender los productos que no se vayan a utilizar, reutilizarlos para otra actividad

Reciclar separando correctamente los residuos

  • Ducharse en vez de bañarse: calentar agua requiere consumo de energía por lo es importante reducir el consumo de agua caliente con las duchas y cerrando el grifo mientras nos enjabonamos. Así mismo la gestión de las aguas residuales en la depuradora implica un consumo energético, es por tanto necesario reducir el consumo de agua.
  • Utilizar bombillas de bajo consumo.