Última hora ambiental

Las olas de calor y cómo prevenir sus efectos

Autor: Federico Velázquez de Castro González,
presidente de la Asociación Española de Educación Ambiental

Nos encontramos ya en verano, sin embargo, en los últimos años, desde finales de mayo, y particularmente en junio, la temperatura ha llegado a alcanzar hasta 7ºC más de los habituales en esas fechas, y la esperanza de cambios que nos devolvieran a condiciones más llevaderas, se iban desvaneciendo a medida que nos acercábamos hacia la entrada de la estación estival.

Los efectos molestos del calor y su dificultad para conciliarlo con el trabajo, el estudio o el sueño, entre otros aspectos de la vida diaria, son bien conocidos. Pero más allá de las molestias, estos nuevos cambios deben preocuparnos, tanto por sus potenciales efectos sobre la salud, como por la posibilidad de que aparezcan con más frecuencia, como consecuencia de la emergencia climática.

Uno de los efectos que más directamente puede afectar al ciudadano es, precisamente, el referente a las olas de calor. Con la crisis climática pueden ser más intensas y prolongadas, y presentarse fuera de estación. Es bien sabido que las olas de calor disparan la mortalidad, encontrándose en los modelos matemáticos que las estudian una relación muy estrecha entre ellas, sobre todo en los primeros días. No todas las personas son afectadas por igual, pues existen grupos de población vulnerable, como los niños, mayores, personas con enfermedades crónicas –especialmente circulatorias- o laboralmente expuestas, por desarrollar su trabajo en el exterior. Las olas de calor pueden también aumentar la acción de los contaminantes atmosféricos (cuanto más altas temperaturas, mayor reactividad química), añadiéndoles un sesgo más peligroso, como se ha observado en los estudios realizados en diferentes puntos de la geografía española.

En estos casos, la información y la educación son muy importantes:

  • En primer lugar, aviso, a través de los medios de comunicación y los paneles informativos, de la proximidad de las olas de calor y las temperaturas extremas (cuanto más rápido sea un cambio, más peligroso. En Estados Unidos ya existen departamentos sanitarios orientados exclusivamente hacia los daños casados por los cambios súbitos de temperatura).
  • Información de los niveles de contaminantes urbanos, especialmente del ozono, cuando éstos alcancen niveles preocupantes, lo que suele ser frecuente al final de la primavera y durante todo el verano (la actual Normativa establece niveles de protección y riesgo, que deben aplicarse). La información, en todos los casos, debe ser clara y explícita, y en lo posible anticipada, según se vaya disponiendo de pronósticos.
  • Tras la información, las recomendaciones preventivas: permanecer en lugares frescos entre las 12 y las 17 horas, evitar el ejercicio físico, beber abundante agua, tomar comidas ligeras y descansar adecuadamente. En recientes trabajos de investigación llevados a cabo en localidades andaluzas, se encontró que, en las olas de calor, la máxima mortalidad se producía en ancianos varones, lo que se atribuyó a que el hombre es más proclive a salir de casa y realizar actividad física en el exterior. Por eso creemos que con una información adecuada, no sólo se puede ayudar a hacer más llevadera una situación meteorológica adversa, sino también proteger y salvar vidas.

Instemos a las autoridades locales a que cumplan este cometido (tanto en la información como en la toma de medidas más enérgicas en relación a la pacificación del tráfico), sobre todo si se considera que estos episodios de calor extremo y contaminación serán cada vez más frecuentes. Y a los ciudadanos a que sepan velar por el derecho a la salud, que tan directamente les concierne, no sólo siguiendo las recomendaciones que en su momento se indiquen, sino también reflexionando cobre las causas de estos cambios que se van produciendo en nuestro entorno, para que nuestro estilo de vida (consumo más prudente, menor uso del automóvil) no contribuya a incrementarlos. Además, es importante destacar que no sólo nosotros sufrimos las consecuencias de las altas temperaturas, estas pueden llegar a superar los 40 grados lo que también puedes afectar a nuestros ecosistemas en forma de sequías e incendios forestales.