Última hora ambiental

Las claves para enseñar (y aprender) a cielo abierto

El manual para educar al aire libre, recientemente publicado en nuestro país, ‘La Escuela a Cielo Abierto’, recopila cientos de actividades que puedes realizar con tu alumnado. Hablamos con una de las autoras y con su editora en España para descubrir cómo convertir la naturaleza en un aula.

El cielo, una pizarra. Las nubes, trazos de tiza que dibujan formas geométricas. Metros de césped sustituyendo a los pupitres. Un árbol, el libro más natural y completo del mundo, capaz de unificar las matemáticas, el vocabulario y la biología en las mismas páginas. Para completar el cuadro, un grupo de alumnos y alumnas disfrutando junto a su profe de todas las lecciones que puede aportar la naturaleza. ¿Imaginas una escuela así, donde los niños y niñas puedan disfrutar de las bondades de aprender bajo el cielo?

Lo cierto es que no es necesario empezar de cero o destinar una gran partida de recursos a construir un nuevo centro que cumpla con todas estas expectativas. Desde las aulas tradicionales, podemos animarnos y derribar –figuradamente– los muros de los colegios y dar paso a este tipo de aula, alimentando sin límites la diversión y la creatividad de nuestra clase. Precisamente con la intención de orientar al equipo docente en la educación al aire libre ha nacido La Escuela a Cielo Abierto: 200 actividades para educar al aire libre (La Traviesa Ediciones), un libro elaborado por la Fundación Silviva, dedicada desde los años ochenta a la educación ambiental, y tres expertas en pedagogía al aire libre de la talla de Sarah Wauquiez, Nathalie Barras y Martina Henzi.

Paqui Godino: «Olvidamos muchas veces que la juventud está pidiendo a gritos otra forma de relacionarse con el planeta»

El manual, en realidad, es reciente en España, aunque se publicó hace dos años en Francia y Alemania, países originarios de las escuelas a cielo abierto. Un concepto que apareció por primera vez tras la Segunda Guerra Mundial como alternativas para sacar a los pequeños de los lugares insalubres en los que pasaban los días y fortalecer su sistema inmunológico a través de la naturaleza. A nuestro país, el libro llegó gracias a La Traviesa Ediciones, un proyecto editorial y educativo especializado en educación ambiental que nació en 2008 con el objetivo de importar las bondades de la escuela a cielo abierto.

Cada página es todo un descubrimiento. Las 200 actividades que componen Escuela a cielo abierto fueron testadas y evaluadas por 170 docentes y están diseñadas para favorecer la cooperación, la reflexión colectiva, la autonomía y la creatividad a través de cientos de materiales didácticos. «Por ejemplo, hay una primera parte enfocada en las matemáticas que propone buscar las formas geométricas a partir de la naturaleza: midiendo las alturas de los árboles, contando los anillos de los troncos o adivinando las horas gracias a un reloj natural», detalla Paqui Godino, educadora ambiental y el cerebro detrás de La Traviesa. Y añade: «En el ámbito de la asignatura de Lengua, una de las actividades propone esconder letras por el bosque y trabajar antónimos con lo que se observe en el entorno». También entran en juego otros ejercicios como inventar la historia de un elemento natural, grabar sonidos relacionados con verbos o adjetivos (Lengua), estudiar el uso de agua en otras épocas (Historia) y hacer carreras de relevos (Educación Física). Todo tiene el potencial de educar si se plantea de la forma idónea.

Martina Henzi: «Al aire libre se mejoran las habilidades personales, sociales y metodológicas de los estudiantes»

Aunque las actividades están dirigidas a alumnos de 4 a 12 años, lo cierto es que, como asegura Godino, todas las edades son perfectas. «Olvidamos muchas veces que la juventud está pidiendo a gritos otra forma de relacionarse con el planeta y muchos profesores de colegios e institutos se han lanzado a la aventura. Hay algunos que incluso organizan su programación para salir un día a la semana fuera. Es todo cuestión de mentalidad: cuando se tienen las ganas, se encuentran las formas», asegura.

Paqui Godino: «No hay mal tiempo, sino mal equipamiento: eventos como la lluvia o el frío también pueden ser un aliciente añadido para el aprendizaje»

Los efectos positivos de la educación al aire libre son cada vez más evidentes. Ya hace cinco años, el Ministerio de Medio Ambiente dedicaba un espacio a las pedagogías del aire libre, aludiendo que «realizar actividades en grupo en la naturaleza crea un sentimiento de pertenencia al mismo y, en un plano más emocional, la ausencia de muros ofrece un sentimiento de libertad que no suele experimentarse en la vida cotidiana». Tal y como explica Martina Henzi, una de las autoras del libro, también «se mejoran las habilidades personales, sociales y metodológicas de los estudiantes, que disfrutan y se interesan por los apasionantes entornos de aprendizaje y los materiales didácticos que nos proporciona cada día la naturaleza de forma completamente gratuita».

Y suma, y sigue: la educación conectada con la naturaleza mejora el aprendizaje, facilita el desarrollo cognitivo, favorece la atención, tiene un efecto restaurador sobre la fatiga emocional, facilita la gestión de situaciones de estrés, mejora la autodisciplina, minimiza el sedentarismo, incrementa la motivación… «Y, mientras en el aula es el docente quien hace las preguntas, cuando se aprende en naturaleza es la clase la que plantea las cuestiones, generando un diálogo mucho más interesante», añade Godino.

Martina Henzi: «Pasar tiempo en la naturaleza es crucial para los valores de la futura generación»

¿Por dónde empezar a educar en (re)conexión con la naturaleza?

España, además, es el país europeo con mayor  biodiversidad: 121 tipos de hábitats diferentes, 4 climas distintos y un variado relieve que aúnan más de 50.000 especies de animales y más de 100.000 tipos de plantas hacen de él un enclave de película para desarrollar el aprendizaje. «Contamos con múltiples espacios naturales accesibles, que no quedan muy lejos», resume Godino. «Y nuestro clima permite aprender en el exterior con cierto confort, tanto si es verano como invierno. Aunque no hay mal tiempo, sino mal equipamiento: eventos como la lluvia o el frío también pueden ser un aliciente añadido para el aprendizaje», puntualiza.

En la actualidad, hay más de 43 centros educativos homologados en las pedagogías de la naturaleza. Sin embargo, lo que echa para atrás a muchos docentes es el aspecto organizativo. Algunas veces falta tiempo, otras sobran contenidos, y en numerosas ocasiones diseñar el horario para organizar las salidas resulta tan abrumador que muchos prefieren mantenerse en las exigencias del sistema educativo al uso. «Muchos profesores y profesoras nos han asegurado que no tienen tiempo o que no saben realmente cómo hacerlo, pero pasar tiempo en la naturaleza es crucial para los valores de la futura generación», recalca Henzi. «El reto está en conseguir cierta regularidad. Es decir, las primeras lecciones en el exterior pueden ser más agotadoras que las tradicionales porque la clase tiene que gestionarse de manera diferente y los estudiantes están más distraídos dada la novedad». Pronto llegarán, sin embargo, las actividades más calmadas, la motivación y el placer de aprender. Y con ellas, el disfrute de la naturaleza y el descubrimiento del entorno. Porque el fin último de la escuela a cielo abierto no es otro que adquirir todas esas habilidades necesarias en la vida mientras aprendemos nuestro planeta.

Los estudiantes disfrutan y se interesan por los apasionantes entornos de aprendizaje que nos proporciona la naturaleza

En Mi aula Naturaliza encontrarás una extensa lista de recursos pensados y diseñados para sacar tus clases fuera del aula, aprovechando el entorno natural más próximo. Como ejemplo, te proponemos la salida fuera del aula ¡Esto tiene mucho sentido!, dirigida al alumnado de 1º de Primaria.

En esta salida, que aborda contenidos curriculares de Matemáticas, Ciencias de la Naturaleza, Ciencias Sociales y Lengua Castellana y Literatura, proponemos al alumnado un viaje por cada uno de los sentidos del ser humano a través de la interacción con el espacio, descubriendo los beneficios que nos aporta la naturaleza. Finalizamos la salida viviendo de forma experiencial como nuestros cinco sentidos nos permiten alertar del deterioro del entorno y combatirlo con hábitos de cuidado del planeta.

Texto: Cristina Suárez