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¿Cómo afecta la contaminación durante el desarrollo infantil?

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Jordi Sunyer, coordinador del programa de infancia y medioambiente del ISGlobal, explica los hallazgos de más de una década de investigación sobre cómo afecta la contaminación al desarrollo de los niños y niñas. El proyecto INMA pone el foco en cómo mejorar la salud de los más pequeños a la vez que se cuida del planeta.

Una de las condiciones que hacen al planeta Tierra un lugar idóneo para la vida es su aire. Ese que cogemos a bocanadas entre ocho y 16 veces por minuto y que sin el cual no podemos funcionar. Por supuesto, lo ideal es que cuanto más limpio y puro, mejor. Algo que cada vez parece más complicado y que nos afecta bastante más de lo que pensamos. Ya lo dijo la Organización Mundial de la Salud (OMS): «La contaminación mata». Y antes de llegar a este extremo, nos enferma. Lo hace, de hecho, desde antes de nacer. Así lo demuestran las conclusiones de diversas investigaciones llevadas a cabo en el marco del Proyecto INMA del Instituto de Salud Global Barcelona (ISGlobal), que buscan entender cómo la exposición prenatal y posnatal a contaminantes afecta a la salud de los más pequeños.

A la cabeza de este proyecto se encuentra el profesor Jordi Sunyer, coordinador del programa de infancia y medioambiente del ISGlobal, una red de investigación de grupos españoles que lleva desde 2004 estudiando el papel que juegan los principales contaminantes ambientales del agua, el aire y la dieta durante el embarazo, y los efectos que tiene sobre el crecimiento y desarrollo infantil. «El objetivo inicial del proyecto es entender si los factores ambientales tienen que ver con el desarrollo de los niños y la aparición de enfermedades; principalmente, las comunes como las del sistema respiratorio (el asma o la alergia) o la obesidad, y trastornos como los metabólicos o los relacionados con el desarrollo del cerebro (hiperactividad o falta de atención)», nos aclara Sunyer.

Las investigaciones del Proyecto INMA del ISGlobal aseguran que la contaminación nos enferma ya desde antes de nacer

Como es de suponer, la contaminación afecta a la salud de los niños, pero no lo hace de la misma forma que con los adultos: son más vulnerables a las exposiciones ambientales que los más mayores. Sunyer lo explica de manera sencilla: «La contaminación afecta a los más pequeños porque impacta en su pleno desarrollo. Es posible ver alteraciones de la función como puede ser que no lleguen al pleno desarrollo de la capacidad pulmonar y presenten síndromes clínicos como el asma». A este mismo factor, el del crecimiento, apunta UNICEF cuando dice que la contaminación afecta más a la infancia. Pero la oenegé añade otros dos extras: «Los niños y las niñas tienen los pulmones, órganos y el cerebro todavía en desarrollo. Además, respiran más rápido y están más próximos al suelo, donde algunos contaminantes alcanzan las máximas concentraciones».

Jordi Sunyer: «La contaminación afecta a los más pequeños porque impacta en su pleno desarrollo»

Combatir (e incluso revertir) el daño de la contaminación

El problema no es pequeño. Según un informe de la OMS publicado en octubre de 2018, más del 90% de los niños del mundo respira aire tóxico cada día. Estamos hablando de que en torno a 1.800 millones de menores de 15 años respiran un aire tan contaminado que, como apunta dicho informe, «pone en grave riesgo su salud y desarrollo». Afortunadamente, explica Sunyer, «es reversible y se puede combatir». La primera forma es buscando un aire más limpio. «Esto en las ciudades supondría modificaciones en el urbanismo y en la movilidad de la circulación para evitar la contaminación atmosférica por el tráfico», aclara el profesor. De no hacerlo, «los niños que vivan donde hay más tráfico tendrán un menor desarrollo de su cerebro», sentencia.

Según la OMS, más del 90% de los niños del mundo respira aire tóxico cada día

Eliminar el origen, es decir, la contaminación ambiental, puede mejorar y revertir el problema. Sunyer lo explico un símil que cualquier educador puede entender y que, seguramente, reconozca en su entorno: «Lo vemos en otras situaciones como puede ser el tabaquismo: si uno deja de fumar, el sistema cardiovascular y los pulmones se recuperan. Y cuanto antes se deje, mejor se recupera». Para reducir la contaminación atmosférica, por tanto, es necesario repensar la configuración de las ciudades, impulsando los medios de transporte más sostenibles y apostando por incluir espacios verdes con especies capaces de capturar C02 adaptadas a la zona.

Jordi Sunyer: «Si no se toman medidas, los niños que vivan donde hay más tráfico tendrán un menor desarrollo de su cerebro»

Pero los pequeños cambios en nuestros hábitos de consumo y movilidad también pueden ayudar a combatir la polución. Como revelan las investigaciones del proyecto INMA, la dieta es clave para conseguir un mejor desarrollo del cerebro de los niños: ya desde el embarazo ayuda a fortalecer a los pequeños. Sunyer da algunas claves: «Aquellos alimentos que contienen polifenoles, como los frutos secos o el aceite de oliva virgen extra, sirven para reducir el estrés oxidativo. Reducir el consumo de carne roja, comer pescado y tener una dieta rica en frutas y verduras es esencial». Lo más curioso es que suena familiar, ¿verdad? La dieta mediterránea no deja de ser una forma de alimentarse «variada y con mucha fruta y verdura» que tenemos la suerte de que forma parte de nuestra cultura. Porque ya lo apuntaba en 2019 un estudio de la facultad de Medicina de la Universidad de Nueva York: esta dieta ayuda a reducir los efectos que tiene la contaminación sobre la salud, y la tenemos al alcance de nuestras manos.

A través de la salida fuera del aula En busca de un municipio sano dirigida a 3º de Primaria, analizamos la necesidad de un buen funcionamiento de los servicios municipales para mantener la calidad ambiental del municipio y evitar perjuicios a la salud de las personas y del Planeta.