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Día Universal de la Infancia: el derecho a crecer en un planeta sano

Cada 20 de noviembre se celebra esta jornada dedicada a reflexionar sobre los derechos de la infancia en todo el mundo. Javier Martos, director ejecutivo de Unicef en España, hace un repaso de la situación actual de los derechos de la infancia en España y en el mundo.

Supervivencia, desarrollo, protección y participación. Esos son los cuatro ejes con los que Unicef trabaja para asegurar que la Convención de los Derechos del Niño se cumple dentro y fuera de nuestras fronteras. El 20 de noviembre de 1989 se ratificaba en Naciones Unidas ese texto que supuso un hito en la historia. «Reconoce a los niños por lo que pueden hacer: la infancia deja de ser un objeto de protección para convertirse en sujeto de derecho que aporta a la sociedad», explica Javier Martos, director ejecutivo de Unicef Comité Español.

Los más pequeños son ciudadanos de pleno derecho que, aunque no tengan edad legal para votar, sí que tienen –o deberían tener– voz en las decisiones que afectan a su vida y a su entorno. «Los niños nos pueden aportar en miles de cosas, desde la organización de la escuela o su barrio hasta cómo quieren participar en las acciones de celebración del 20 de noviembre», asegura Martos. Reconoce, además, que entender a los niños como sujeto de derecho ha logrado que organizaciones de derechos humanos como la que dirige hayan «sido capaces de reducir la tasa de mortalidad en menores de cinco años en un 60% en los últimos 20 años».

Javier Martos: «Los niños son los menos responsables del cambio climático, pero se llevan la peor parte»

El derecho a crecer en un planeta sano

A pesar de que la Convención de los Derechos del Niño se ratifica ya hace más de tres décadas, el cambio cultural que esta conlleva es, como toda transformación social, lento. Aun así, Martos nos recuerda que, especialmente cuando hablamos de medioambiente, vemos que la sociedad sí que está mutando. «A los niños y jóvenes cada vez les preocupa más el futuro de su planeta y así lo demuestran en las encuestas, pero también son más conscientes de sus derechos y saben cómo les gustaría participar en su ciudad o en su colegio, y los adultos ya hemos empezado a escucharles», explica.

En los últimos años, los niños y jóvenes han empezado a reivindicar sus derechos, especialmente los medioambientales, en las calles y en las redes. Porque, pese a que la Convención de los Derechos del Niño especifica que los Gobiernos han de «combatir las enfermedades y la malnutrición […], teniendo en cuenta los peligros y riesgos de contaminación del medioambiente», según Naciones Unidas, el aire y agua contaminados y la exposición a sustancias tóxicas, junto con otros tipos de daños ambientales, causan anualmente 1,5 millones de muertes de niños menores de 5 años.

Según la ONU, las causas de 1,5 millones de muertes de niños menores de 5 años están relacionadas con problemas ambientales

El entorno en el que nos criamos determina en gran medida las condiciones de vida que arrastraremos de adultos. La Agenda 2030 y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible son importantes no solo para el futuro del planeta, sino para el de la humanidad. «Con ella las agendas económica, social y medioambiental dejan de ser tres para convertirse en una sola, que es global», explica Martos. Por eso, el director de Unicef en España pone de relieve un detalle que a veces se nos olvida, pero que forma parte de la esencia de esa búsqueda por incorporar el medioambiente, de manera transversal, en la agenda social y económica de los Estados –y de los sectores público y privado, incluido el educativo–: los niños, adolescentes y jóvenes utilizan cada vez más foros para expresar su preocupación por la salud del planeta y lo que eso supone para la suya propia.

«La naturaleza está en su corazón y en su mente, no es algo exclusivamente emocional, sino también intelectual», asegura.

Unicef alerta de que la pobreza infantil corre el riesgo de agudizarse como consecuencia de la crisis climática

Los más perjudicados por la crisis climática

«Los niños son los menos responsables del cambio climático; sin embargo, se llevan la peor parte de las consecuencias». Martos explica que las pruebas las tenemos delante de nosotros: ahora mismo, uno de los lugares en los que mejor se advierten los efectos del calentamiento global con más nitidez es el Sahel, donde se vive una sequía prolongada que afecta especialmente a los más pequeños. «El aumento de las temperaturas será algo con lo que carguen los niños y jóvenes.

Los niños y niñas del mundo son el colectivo más vulnerable ante la crisis climática. Los adultos lo vamos a vivir de una manera menos profunda», asegura. La subida de los termómetros –ya sea en la otra punta del mundo o en nuestro continente– va a impactar en sus condiciones de vida y en las de los más desfavorecidos. Pero Martos recuerda que no es lo mismo vivir en España –uno de los países ricos que más se verá afectado por el cambio climático– que en el Sahel, donde el impacto ya es visible. Y eso es algo que debemos tener en cuenta a la hora de hablar con los más pequeños sobre la emergencia climática: los efectos más indiscutibles ya se están percibiendo en otros lugares. Solo hay que mirar a Mongolia, donde los niños llevan años acudiendo al colegio con mascarilla por los altos niveles de contaminación ambiental que existen.

En Mongolia, los niños llevan años acudiendo al colegio con mascarilla por los altos niveles de contaminación ambiental

Aún queda mucho por hacer

Algo intrínseco a la Convención de los Derechos del Niño y que preocupa enormemente a Unicef España es la pobreza infantil, que además corre el riesgo de agudizarse aún más como consecuencia de la crisis climática. Según indicadores de la Unión Europea, el 27,4% de los niños españoles vive bajo el umbral de la pobreza relativa de nuestras circunstancias y de nuestra sociedad. Esto, reivindica Martos, es «algo que se puede cambiar, que requiere de medidas políticas y económicas y de un compromiso de la sociedad, porque en el ámbito de los derechos humanos somos los ciudadanos los que podemos y debemos impulsar ese avance». Martos recuerda que ya no nos jugamos solo el futuro de los más pequeños, sino el de nuestros países, nuestras sociedades y nuestro planeta. «Porque si invertimos en la infancia, invertimos en el mañana de todos».

 

Texto: Raquel Nogueira