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Evitar el desperdicio de alimentos en el colegio, un mensaje del Nobel de la Paz 2020

El Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas ha sido galardonado con el prestigioso premio Nobel de la Paz por su trabajo constante para acabar con el hambre en el mundo y la desnutrición. Evitar el desperdicio de los alimentos en el colegio se convierte un acto de responsabilidad colectiva y un paso hacia el ODS2 (hambre cero) para construir una sociedad en paz.

El pasado mes de octubre, el Programa Mundial de Alimentos (WFP) fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz 2020. Un reconocimiento «por sus esfuerzos para combatir el hambre, por su contribución para mejorar las condiciones para la paz en áreas afectadas por conflictos y por actuar como fuerza impulsora para prevenir el uso del hambre como una herramienta para la guerra y el conflicto», explica el Comité noruego del Nobel. Solo en 2019, el Programa Mundial de Alimentos proporcionó asistencia a cerca de 100 millones de personas víctimas de inseguridad alimentaria aguda y hambre en 88 países diferentes. Pero su camino se inició en 1961 y, a día de hoy, se trata de «la agencia humanitaria más grande del mundo» que no solo lleva comida a aquellos lugares donde escasea gravemente, sino que también desarrolla programas de fortalecimiento de la resiliencia y de las capacidades y ofrece apoyo logístico y de telecomunicaciones a todas las agencias de Naciones Unidas, especialmente a la FAO, y a otras oenegés.

El año pasado, una de cada diez personas se vio expuesta a niveles graves de inseguridad alimentaria

El reto del hambre cero

Sin embargo, a pesar de las numerosas acciones llevadas a cabo por la WFP y por otras organizaciones hermanas, el hambre sigue siendo uno de los mayores problemas a nivel mundial. Tras unas décadas de mejora constante, en 2015 el número de personas que sufre hambre empezó a aumentar de nuevo hasta llegar a los 690 millones en la actualidad. Un dato que supone un incremento «de unos 10 millones de personas en un año y de unos 60 millones en cinco años», según datos del informe Estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2020 elaborado por la FAO. La inseguridad alimentaria, otro parámetro que utiliza la agencia de la ONU para medir el riesgo de hambre, sigue una tendencia ascendente muy similar y se estima que, en 2019, una de cada diez personas se vio expuesta a niveles graves de inseguridad alimentaria. Estas cifras muestran que la consecución del  Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) número 2: hambre cero no va por buen camino. Unas perspectivas poco halagüeñas que en 2020 se han encontrado con un obstáculo adicional: la pandemia mundial provocada por la COVID-19.

«Una evaluación preliminar sugiere que la pandemia actual puede añadir entre 83 y 132 millones de personas al número total de personas subalimentadas en el mundo en 2020», asegura la FAO. Esto supone que muchos más millones de personas estarán no solo en riesgo de morir –la malnutrición es la causante del 45% de las muertes en menores de cinco años–, sino que su desarrollo normal se verá alterado, suponiendo un escollo adicional en la consecución de otros ODS y, por ende, de la paz en el mundo. «El hambre cero es una pieza clave de la construcción de un futuro mejor para todos. Además, como el hambre frena el desarrollo humano, no podremos lograr los otros Objetivos de Desarrollo Sostenible, como la educación, la salud y la igualdad de género»,  argumenta la ONU.

Es fundamental sensibilizar y concienciar desde la escuela para reducir los alimentos que acaban en la basura cada día

Buscar soluciones para acabar con el hambre

Para poder lograr el objetivo de hambre cero y contribuir así a la creación de un mundo más pacífico, hay que entender primero por qué, a pesar de los avances modernos, el hambre, la malnutrición y la inseguridad alimentaria siguen existiendo. Unicef  señala tres razones principales: la guerra, la inestabilidad política y el cambio climático. El Programa de Desarrollo de Naciones Unidas (UNDP, por sus siglas en inglés) ha elaborado una serie de proyectos para conseguir una transformación sostenible de la agricultura que garantice el abastecimiento necesario de alimentos de calidad al mismo tiempo que se combate el cambio climático. Esto, como explican desde la propia UNDP, «significa ecologizar las cadenas de valor desde las granjas hasta las zonas urbanas. Significa prácticas agrícolas resilientes al clima. Significa mejorar el almacenamiento, al tiempo que limita la producción de carbono con enfoques ecológicos para el transporte y la refrigeración».

En Europa, 89 millones de toneladas de alimentos en buen estado acaban en el contenedor cada año

¿Y si impulsamos el cambio desde el colegio?

Además de la transformación de la agricultura, se da una de las grandes paradojas de la problemática del hambre: mientras que en los países más empobrecidos el abastecimiento es escaso, en la mayoría de los países occidentales hay una sobreoferta que se traduce en desperdicio alimentario. No solo se tira alimento que hace falta en otros lugares, sino que «si el desperdicio de alimentos fuera su propio país, sería el tercer mayor emisor de gases de efecto invernadero del mundo», señala el UNDP.

Por eso, es fundamental que desde la escuela se sensibilice y conciencie, tanto a los propios comedores escolares como a los alumnos, para reducir los alimentos que acaban en la basura cada día. Los hogares europeos desperdician alrededor de 47 toneladas de comida al año –en total, contando centros educativos, hostelería y supermercados, 89 millones de toneladas de alimentos en buen estado acaban en el contenedor–. Solo en España se tiran  7,7 millones de toneladas anuales. Algo que podría reducirse drásticamente.

La seguridad alimentaria, la paz y la estabilidad van de la mano

Acabar con el hambre en el mundo es un reto enorme que requiere de mucha voluntad política, aumento del gasto mundial para la lucha contra el cambio climático y concienciación social sobre la problemática y las soluciones que, como ciudadanos, se pueden llevar a cabo. Lograr el ODS 2 supone un esfuerzo titánico por parte de todos, pero también un beneficio global. Porque, como aseguró el director ejecutivo del WFP, David Beasley, al enterarse del Nobel, el premio «es un recordatorio de que la seguridad alimentaria, la paz y la estabilidad van de la mano. Mientras haya hambre, nunca tendremos un mundo pacífico».

 

Texto: Alejandra Espino