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El Pacto Verde: de Europa a las escuelas

A pesar de que todavía hay quien se niega a reconocerlo, la linealidad de la economía se ha ido diluyendo hasta convertirse en un concepto del pasado. ¿Y si empezamos la nueva década con un pacto verde, una transformación circular también en las escuelas?

Gandhi decía que «nosotros tenemos que ser el cambio que queremos ver en el mundo». Y, para ello, la reflexión sobre nuestras rutinas cotidianas y la adquisición de hábitos proambientales y educación ambiental son fundamentales para la conservación del planeta. A través de la concienciación podemos interiorizar hábitos saludables para la Tierra y todos sus habitantes, y el lugar para empezar es el cole.

El Pacto Verde Europeo, presentado recientemente en Bruselas, establece una hoja de ruta para acelerar la transición ecológica en el conjunto de países de la Unión Europea.

«Cómo hacer de Europa el primer continente climáticamente neutro en 2050 impulsando la economía, mejorando la salud y la calidad de vida de los ciudadanos, protegiendo la naturaleza y no dejando a nadie atrás».

Ese es su objetivo. Muchos de los 7 puntos claves que se presenta en este Green Deal pueden materializarse –o darse a conocer– en las escuelas y, una vez más, nos invitan a reflexionar sobre nuestros hábitos. Empezando, por ejemplo, por la comunidad educativa, como educar sobre la importancia y los peligros de la contaminación atmosférica y cómo su aumento o disminución depende de nuestras elecciones diarias: cómo nos movemos, consumimos o relacionamos con el medioambiente. Además, acercar las energías renovables y su capacidad para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a las aulas supondría unirse al rumbo de la UE.

¿Qué puedo hacer desde el aula? Implementar la gestión de residuos, evitar el desperdicio de comida, reutilizar material o ahorrar energía

¿Cómo conseguimos escuelas sostenibles?

Para llevarlo a la práctica en los centros escolares, se pueden realizar varias acciones sostenibles:

Aprendiendo eficiencia energética

El primer paso sería la sustitución de todas las bombillas incandescentes por LED; algo de lo que se puede hablar con los pequeños y la dirección de los centros. Los estudiantes (y sus profesores) también pueden aprender buenos hábitos en el área de la eficiencia energética con pequeños gestos como recordar, antes de encender las luces, que conviene aprovechar al máximo la luz natural: las paredes pintadas de colores claros ayudan a que se refleje más y mejor, por ejemplo. Una vez encendidas, debemos convertir en rutina eso de apagarlas cuando no se esté en clase. Para recordarlo, ¿por qué no crear carteles recordatorios personalizados? Un dos en uno en sensibilización. Lo mismo se puede hacer para recordar que las ventanas tienen que estar cerradas cuando la calefacción o el aire acondicionado estén encendidos y que, estos, deben mantener una temperatura de entre 21˚ y 22˚.

Reciclaje de material escolar y gestión de residuos en la escuela

¿Y qué pasa con el material escolar o los residuos que se generan en la escuela? Si en 2030 todos los envases de la UE tendrán que ser reutilizables o reciclables, tenemos que empezar ya a fomentar un consumo responsable. Para explicar la importancia de cerrar los ciclos productivos podemos reutilizar material escolar y fomentar el (re)aprovechamiento del papel, cartón o plástico que utilizan en sus distintas actividades, por ejemplo, para hacer manualidades. Así estaremos reduciendo la cantidad de residuos que generamos. Además, el reciclaje se presenta como una medida básica que se puede instaurar fácilmente en los centros: se pueden incluir papeleras azules (para el papel y el cartón) y amarillas (para los envases de plástico, latas y briks) en zonas comunes y en clase. Investigar sobre materiales reciclados y su aplicación en diferentes industrias como la textil, también es una manera de acercar a los más pequeños a los principios de la economía circular.

Si en 2030 todos los envases de la UE tendrán que ser reutilizables o reciclables, tenemos que empezar ya a fomentar un consumo responsable

Implementar el transporte sostenible

Las escuelas, para alinearse con los objetivos de la UE, pueden (y deben) fomentar el transporte sostenible: desde la apuesta por el transporte público hasta la creación de una «camino escolar» que anime a los pequeños (y sus familias) a ir caminando y que evite el tráfico de coches en unas puertas de colegios colapsadas. Los aparcamientos para bicis en los centros también se presentan como una solución para alumnos.

Educación sobre la importancia de la biodiversidad

Además, como eje vehicular de la sostenibilidad en clase ha de estar la protección de la biodiversidad: es importante hablar desde los primeros años formativos de su papel clave en el planeta, de especies en peligro de extinción, de pérdida de hábitats naturales… la protección de la biodiversidad está en nuestras manos y cada gesto cuenta, una máxima que los pequeños pueden aprender a través de huertos escolares o del contacto directo con la naturaleza.

Consumo sostenible

No hay economía circular sin una alimentación que deje de ser lineal: la estrategia europea busca la producción y el consumo de productos locales, de temporada, sostenibles y, sobre todo, asequibles. Pero más allá de la procedencia de los alimentos, los centros educativos pueden ser clave en la reducción del desperdicio de comida y su impacto medioambiental: el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación asegura que, tan solo en la UE, se despilfarran al año 89 millones de toneladas de alimentos en buen estado, lo que equivaldría a 170 millones de toneladas de CO2 al año. España tira 7,7 millones de toneladas anuales: somos el séptimo país europeo que más desperdicia.

España tira 7,7 millones de toneladas de alimentos anuales

Si el menú escolar no está bien planteado, el despilfarro puede llegar a ser considerable, «sobre todo en centros con un número muy alto de alumnos», explica Juan Llorca, chef de la Valencia Montessori School y CEO de Kids Inspire Food. Para evitar esta situación, Llorca esboza cuatro puntos básicos en los que basar una estrategia de ahorro exitosa. Elaborar «un menú que esté bueno, bien cocinado y sea sabroso es el primer paso para tener una buena aceptación y reducir el desperdicio», asegura. Además, el chef explica que lo niños deberían elegir su porción de comida y que «el momento del comedor no ha ser un mero trámite, sino un momento de sociabilización y disfrute. Ir con prisas y sin tiempo suficiente para disfrutar de esa comida hace que coman menos y peor». Pero, según Llorca, evitar el desperdicio de alimentos no empieza en el comedor o con la merienda, sino en el aula: «Desde educar en la importancia de consumir ciertos alimentos –como frutas y verduras de temporada– y seguir una buena alimentación hasta hablar del menú, pasando por hacer actividades que giren en torno al momento de la comida y lo relacionado con ella. Así crearemos un vínculo más positivo hacia el momento de sentarnos a comer». Pequeños hábitos que los niños acabarán llevando consigo el resto de sus vidas.

Texto: Carmen Gómez-Cotta