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La Antártida, un continente afectado por la crisis climática y ecológica

La Antártida tiene una función clave en la regulación de la temperatura de la tierra. Si se desestabiliza, el resto del planeta corre el riesgo de verse afectado por un calentamiento acelerado y sin posibilidad de rectificación.

“La Antártida se calienta”, “El hielo antártico se tiñe de rojo”, “El deshielo desvela una nueva isla en el último continente” … Estos son algunos de los titulares que recientemente han dado la voz de alarma sobre el estado de salud del continente blanco, el cual —afectado por el calentamiento global, la sobrepesca y otros factores medioambientales— está experimentando cambios inéditos. Pero ¿qué está pasando exactamente?

Antes de responder a esta pregunta, hay que aclarar por qué debería preocuparnos: la Antártida tiene una función clave en la regulación de la temperatura global de la tierra. Si ésta se desestabiliza, el resto del planeta corre el riesgo de verse afectado por un calentamiento acelerado y sin posibilidad de rectificación para salvaguardar la calidad de vida de las generaciones presentes y futuras.

Es por esto que el derretimiento del hielo antártico es considerado uno de los 9 puntos críticos del cambio climático. Si el aire acondicionado de la tierra se estropea, nos será muy difícil (si no imposible) re-estabilizar el sistema climático global.

En febrero la Antártida llegó a experimentar 18ºC, la misma temperatura que California

Y, mientras que sabíamos que el Ártico, en el polo Norte, se está calentando el doble de rápido que el resto del planeta, la Antártida presentaba condiciones muy diferentes: en lugar de encogerse, en las últimas décadas incluso se ha expandido. Así que la preocupación respecto al polo sur ha sido otra: el conjunto de naciones que gobiernan la Antártida —a través del Sistema del Tratado Antártico— se ha centrado más en tratar de evitar la sobrepesca, así como en la forma de cooperar geopolíticamente para mantener la paz en este continente, donde por principio de precaución están prohibidas las operaciones militares y la explotación minera, entre otras actividades.

Sin embargo, el cambio climático es cada vez más una luz roja para la estabilidad de la Antártida.  En 2018 un estudio reveló que desde 2014 —o sea, en sólo cuatro años— el continente había perdido tanto hielo marino como el Ártico en 34 años. Una parte de la explicación de este fenómeno estaba en la recuperación de la capa de ozono, aunque los científicos también atribuían el derretimiento a los efectos del calentamiento global.

Temperaturas récord

El pasado mes de febrero la Antártida llegó a experimentar la misma temperatura que California. El día 6, concretamente, mientras Madrid gozaba de 13ºC al sol, la Antártida sufría 18ºC, una máxima jamás registrada hasta la fecha. Esto se debió, concluyeron los especialistas, a una combinación de elementos meteorológicos.

Según lo expuso la divulgadora científica Kasha Patel, quien escribió una crónica en el Earth Observatory de la NASA sobre este fenómeno, “una cresta de alta presión se centró sobre el Cabo de Hornos a principios de mes, y permitió que se formaran temperaturas cálidas”.

Y precisó: “Típicamente, la península está protegida de las masas de aire cálido por los vientos del oeste del hemisferio sur, una banda de fuertes vientos que rodean el continente. Sin embargo, los vientos del oeste estaban debilitados, lo que permitió que el aire cálido extratropical cruzara el Océano Austral y llegara a la capa de hielo. Las temperaturas de la superficie del mar en el área también fueron más altas que el promedio en aproximadamente 2-3 °C”.

Las poblaciones de kril están disminuyendo y son la base de la cadena trófica antártica

Desequilibrio de los ecosistemas

 La sobrepesca, la contaminación marina en el resto del mundo y el cambio climático son algunos de los principales factores que inciden negativamente sobre las especies que conforman el ecosistema antártico.

La disminución alarmante en las poblaciones de kril, un crustáceo que supone la base de la cadena trófica antártica, hace que las aves, los peces y, por consiguiente, las especies que se alimentan de éstos se estén quedando sin alimento.

En el caso de los pingüinos, los científicos advierten que cada vez tienen que desplazarse más lejos para conseguir alimento, lo que hace que se alejen más de sus crías y que, por ende, éstas queden desprotegidas durante más tiempo.

Por si fuera poco, estas aves se exponen además al problema ambiental mundial de los microplásticos. Así lo reveló un estudio publicado en octubre de 2019 en la revista Scientific Reports, en el que un grupo de investigadores de la Universidad de Coimbra denunciaba haber detectado restos de plásticos inferiores a 5mm de volumen en el 20% de las heces de pingüino analizadas.

Turismo antártico

Según se manifestó en la última cumbre anual del Sistema del Tratado Antártico, el turismo en aumento en el continente-isla es una de las crecientes preocupaciones de los científicos que allí trabajan. El año pasado, el turismo en la Antártida creció entre un 8 y un 9% respecto al año anterior. Fueron, en total, unas 56.000 personas, una cifra que sobrepasa, con mucho, la de personas —investigadoras— que residen allí (y la mayoría únicamente lo hace durante el verano).

Y es que, si bien es cierto que, en comparación con la extensión total de la Antártida, el número de turistas puede todavía considerarse bajo, la cantidad de barcos que llegan repletos de visitantes comporta una amenaza para las especies autóctonas, acostumbradas a vivir ajenas a los humanos, los cuales, por otra parte, no siempre conocen o respetan todas las precauciones que han de tomar para no afectar a estos animales. Uno de los elementos que se intentan regular para todos los países que emiten turistas es el uso de drones. Las agencias de turismo españolas ya aplican esta normativa de no permitir el uso recreativo de drones en el continente, a fin de proteger a las especies nativas, pero hay agencias de otros países que todavía no han adoptado esta regulación.

 

Las algas Chlamydomonas nivalis dejaron en febrero la nieve  teñida de rojo

Hielo rojo

A finales del mes de febrero, poderosas imágenes de la nieve de la Antártida teñida de rojo se compartían con curiosidad en las redes sociales. También había algo de alarma. No en vano. El motivo por el que el blanco de la nieve se había enrojecido era la proliferación de algas microscópicas con carotenos rojos, que dejaron una suerte de manchas de sangre sobre el hielo.

Estas algas, denominadas Chlamydomonas nivalis, son habituales en regiones heladas como el Ártico y la Antártida, ya que resisten temperaturas muy extremas. Sin embargo, permanecen en estado de letargo durante el invierno, mientras que con el buen tiempo la luz que calienta la nieve las hace aflorar. El problema de estas micro algas rojas es que, según concluyó un estudio en 2016, pueden acelerar el deshielo. Al atraer el calor, favorecen el calentamiento de la superficie helada (que en lugar de reflejar toda la luz, absorbe una parte) y, en consecuencia, fomentan el muy temido derretimiento de los casquetes polares.

Texto: ICS Comunicación